Migración y Desarrollo, volumen 21, número 41, segundo semestre 2023, es una publicación semestral editada por la Universidad Autónoma de Zacatecas «Francisco García Salinas», a través de la Unidad Académica de Estudios del Desarrollo, Jardín Juárez 147, colonia Centro, Zacatecas, C.P. 98000, Tel. (01492) 922 91 09, www.uaz.edu.mx, www.estudiosdeldesarrollo.net, revistamyd@estudiosdeldesarrollo.net. Editor responsable: Raúl Delgado Wise. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo Vía Red Cómputo No. 04-2015-060212200400-203. ISSN: 2448-7783, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de última actualización: Unidad Académica de Estudios del Desarrollo, Maximino Gerardo Luna Estrada, Campus Universitario II, avenida Preparatoria s/n, fraccionamiento Progreso, Zacatecas, C.P. 98065. Fecha de la última modificación, diciembre de 2023.

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https://doi.org/10.35533/myd.numero41

Autosuficiencia de las mujeres y medios de vida sostenibles: implementación del KISEDP para los refugiados y la población de acogida en Kenia

Women’s self-reliance and sustainable livelihoods: implementation of the Kalobeyei Integrated Socio-Economic Development Plan (KISEDP) for refugees and the host population in Kenya

Recibido 22/10/23 | Aceptado 30/10/23

Måns Fellesson* | Paula Mählck**

*Sueco. Responsable de Migración Africana, Mobilidad y Relaciones Transnacionales, El Instituto Nórdico de África. Correo-e: mans.fellesson@nai.uu.se

**Sueca. Docente investigadora, Departamento de Educación, Universidad de Estocolmo. Correo-e: paula.mahlck@edu.su.se

Traducido del inglés al español por Georgia Aralú González Pérez y Esther Andrea Romero Méndez.

Resumen. Este trabajo parte de la premisa de que la cuestión de la autosuficiencia y los medios de vida sostenibles está siempre presente en las situaciones prolongadas de refugio. En este caso se analiza el proceso de implementación del Plan de Desarrollo Socioeconómico Integrado de Kalobeyei para los refugiados y la población de acogida en Kenia. Se argumenta que las mujeres suelen estar más expuestas a desigualdades interseccionales y normas sociales discriminatorias, que pueden verse reforzadas en una situación de exilio, lo que da lugar a un aumento de la marginación económica. Las mujeres también asumen una parte desproporcionadamente mayor de las responsabilidades domésticas y reproductivas no remuneradas relacionadas con los niños, y sus responsabilidades en el cuidado de los niños aumentan en situaciones en las que se impide a los niños asistir a la escuela. La naturaleza de género de la explotación y la migración se pone de manifiesto en este estudio de caso, que muestra la intersección de diferentes formas de desventaja y discriminación.

Palabras clave: explotación de género, marginación, exilio en Kenia, autosuficiencia, medios de vida sostenibles.

Abstract. This paper is based on the premise that issues of self-sufficiency and sustainable livelihoods are always present in protracted refugee situations. The paper analyzes the implementation process of the Kalobeyei Integrated Socio-Economic Development Plan for refugees and the host population in Kenya. The paper argues that women are often more exposed to intersectional inequalities and discriminatory social norms, which can be exacerbated by exile, leading to economic marginalization. Women also disproportionately bear the burden of unpaid domestic and reproductive responsibilities, including childcare, which increases when children are unable to attend school. This case study highlights the gendered nature of exploitation and migration, showing the intersection of different forms of disadvantage and discrimination.

Keywords: gender exploitation, marginalization, exile in Kenya, self-reliance, sustainable livelihoods.

Introducción

El problema de la autosuficiencia y los medios de vida sostenibles está siempre presente en los casos de refugio prolongado. Para los refugiados el tema se relaciona con la idea de acabar con una existencia precaria y confinada —caracterizada por la dependencia, las restricciones de movimiento y la falta de opciones de desarrollo— con el objetivo de alcanzar el control, la dignidad y la independencia, ya sea en un contexto de integración local o como preparación para el reasentamiento o el retorno a su país de origen (soluciones duraderas). De igual modo, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), consideran tales justificaciones importantes, pero al mismo tiempo se vinculan con las condiciones de distribución de la ayuda humanitaria en función del riesgo de permanencia. A medida que aumenta el número de desplazados en el mundo aumenta la probabilidad de que no vaya acompañado de un incremento de la asignación de recursos; además, la urgencia de encontrar soluciones para la autosuficiencia y los medios de vida sostenibles en casos de refugio es cada vez mayor. A finales de 2021 más de tres cuartas partes (15.9 millones) de la población total de refugiados se encontraba en situación prolongada (ACNUR, 2021a);1 algunas son relativamente recientes, mientras que otras —como la que aquí se estudia— se han mantenido durante décadas.

Los esfuerzos dirigidos a la promoción de los medios de subsistencia y la autosuficiencia son fundamentales en cualquier estrategia que pretenda crear alternativas más sostenibles en cuanto a una existencia de dependencia unilateral en situaciones de refugio prolongado.2 La elaboración de una estrategia de este tipo es, sin embargo, una tarea intrincada en la que deben tenerse en cuenta una serie de factores. Un elemento central es la interacción entre la composición demográfica y socioeconómica de las personas afectadas; los marcos políticos (internacionales y nacionales) que rigen su vida (desplazamiento, empleo, educación, etcétera); y las condiciones que ofrece el lugar donde se encuentran los refugiados (condiciones geográficas/medioambientales/clima, acceso a la tierra, proximidad a los mercados y a la población de acogida, logística y grado de lejanía). Al momento de facilitar dicha interacción, la política del gobierno de acogida es quizá el factor que más influye, aunque su papel no es indispensable. El ACNUR concluye, en un documento de orientación acerca de situaciones prolongadas, que «hay ocasiones en las que la autosuficiencia puede no ser posible, incluso en ausencia de barreras legales. Este podría ser el caso, por ejemplo, cuando los refugiados se localizan en zonas áridas, pobres e inhóspitas» (2004:4).

Así, los campos de refugiados con frecuencia se ubican en zonas relativamente despobladas, remotas y hostiles, condiciones que suponen un evidente riesgo en la labor del ACNUR en el fomento de los medios de subsistencia y autosuficiencia en casos prolongados. De manera que el esfuerzo se convierte, en esencia, en una preparación para la repatriación y la reintegración, una preparación cuya puesta en marcha es a menudo muy incierta desde el punto de vista temporal. 

Con todo, la promoción de la autosuficiencia es prioritaria en la agenda de la mayoría de los actores internacionales involucrados en la recepción y la acogida de los refugiados: ACNUR, PMA, Organización Internacional del Trabajo (OIT), Banco Mundial (BM), así como donadores internacionales y organizaciones no gubernamentales (ONG). En 2022, dentro de las necesidades presupuestarias del ACNUR (8 mil 993.7 millones de dólares) y en los planes operativos reflejados con base en las necesidades, la organización propuso que 1.4 billones de dólares o 15% del presupuesto total se reserven en apoyo a diversos rubros: a) autosuficiencia, integración económica y medios de subsistencia; b) compromiso comunitario y empoderamiento de las mujeres; c) prevención y respuesta a la violencia de género. Las áreas cubiertas en la propuesta se relacionan con mejoras en los medios de subsistencia de las personas afectadas y con la construcción de comunidades solidarias y cohesionadas soportadas por el empoderamiento comunitario y la igualdad de género (ACNUR, 2021c). Se sugiere un número limitado de indicadores con la finalidad de medir los resultados de cada área, como la proporción de personas de interés que tiene una cuenta en una institución financiera o un proveedor de servicios de dinero móvil, que autoinforman respecto de los cambios positivos en sus ingresos o que están en edad de trabajar y desempleados. Relativo al empoderamiento de las mujeres, sólo se aplica un indicador: proporción y número de participantes femeninas activas que forman parte de estructuras de liderazgo/gestión (ACNUR, 2021c). La propuesta también intenta vincular, desde el punto de vista presupuestario, los ámbitos planteados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el objetivo 8 —trabajo digno y crecimiento económico (7% del presupuesto total)—; el objetivo 5 —igualdad de género (5% del presupuesto total), pero no propone ninguna medida de seguimiento que utilice indicadores acordados en el ámbito internacional. 

Los medios de subsistencia y la autosuficiencia de las mujeres en situaciones de refugio prolongado exigen una atención especial, pues las condiciones para su creación y mantenimiento difieren de las de los hombres. Por lo general están más expuestas a las desigualdades que se intersectan y a las normas sociales discriminatorias, que pueden modificarse y reforzarse en situación de exilio, hecho que se traduce en un incremento de la marginalización económica. Asimismo, asumen de un modo desproporcionado una mayor parte de las responsabilidades domésticas y reproductivas no remuneradas de los hijos. Las responsabilidades en el cuidado se elevan cuando a los niños se les impide asistir a la escuela. En este aspecto, el acceso a la educación incide directamente con los medios de vida y el trabajo social reproductivo de las mujeres; en un nivel inmediato como trabajo adicional de cuidado para las mujeres, y en una perspectiva más amplia, en el acceso de las niñas a la escolarización y en que estén mejor preparadas para la vida adulta. Las funciones de género y el estatus socioeconómico pueden cambiar a medida que el papel tradicional del sostén masculino es reemplazado por los actores del sistema humanitario internacional (Fellesson, 2003; Turner, 1999). Las mujeres son susceptibles de depender económicamente de los hombres. Debido a ello es necesario destacar las condiciones para su subsistencia y autosuficiencia y no soslayar cualquier estrategia destinada a apoyar su empoderamiento en situaciones de crisis.

El asentamiento de refugiados de Kalobeyei, en el norte de Kenia, presenta un caso interesante referente al análisis de los medios de subsitencia y la autosuficiencia, puesto que se construyó de conformidad con un plan deliberado en promover la integración económica y social a través de mayores oportunidades e inclusión en los sistemas nacionales de servicios, tanto para los refugiados como para la población de acogida. El Plan de Desarrollo Socioeconómico Integrado de Kalobeyei (KISEDP, por sus siglas en inglés) se rige por un enfoque sostenible y se orienta al desarrollo de la acogida de refugiados, se trata de una puesta en práctica de la Declaración de Nueva York, el Pacto Mundial sobre Refugiados (GCR,  por sus siglas en inglés) y su herramienta de aplicación es el Marco Integral de Respuesta para los Refugiados (CRRF, por sus siglas en inglés). Como plan posee fuertes asociaciones con el concepto reconocido de integración local, en tanto una solución duradera en la acogida de refugiados.

Ante la creciente crisis mundial de refugiados, que se acerca a los 100 millones de personas desplazadas por la fuerza en todo el mundo (mediante una enorme presión en el sistema humanitario), la implementación del kisedp se produce en un contexto contradictorio de marcos políticos mundiales que aluden a la necesidad de solidaridad internacional y apoyo a los refugiados, a los países de acogida, a la realidad de la disminución del compromiso internacional y de los recursos para apoyar la visión. La creciente restricción en distintos países receptores de refugiados y solicitantes de asilo agrava aún más el panorama. El Alto Comisionado de ACNUR, Filippo Grandi, lo ha descrito como una «crisis de solidaridad» (ACNUR, 2019b).

Con este telón de fondo, el presente estudio intenta arrojar luz sobre las condiciones y perspectivas para el desarrollo de los medios de subsistencia y autosuficiencia de las mujeres en cuanto a la implementación del KISEDP en Kenia. Dentro de un marco teórico que ofrece una guía en la comprensión de los medios de subsistencia, la reproducción social y el trabajo de las mujeres. El artículo analiza la interacción y el dinamismo entre la idea conceptual del plan y las premisas fácticas en función de su relevancia para la integración económica de las mujeres. Esto mediante reseñas en profundidad de documentos sobre políticas, literatura académica y datos referentes a áreas clave. De forma complementaria, se discuten retos y oportunidades de la implementación actual y las posibles vías de avance que puedan servir de base para el desarrollo ulterior del KISEDP de los medios de subsistencia y autosuficiencia de las mujeres.

El texto se estructura en cuatro partes: primero, se ofrece una visión general del KISEDP, (justificación, objetivos y organización) con fines de contextualización y referencia. Después se revisa la problemática de la autosuficiencia y los medios de vida sostenibles de las mujeres en exilio prolongado. Posteriormente se muestra un marco teórico, seguido de una sección analítica que explora los aspectos centrales del plan con fundamento en el entorno de acogida previo a las conclusiones.

El KISEDP como una solución a la autosuficiencia y a la integración económica: concepto y operacionalización

El asentamiento de refugiados de Kalobeyei, que comprende alrededor de mil 500 hectáreas de tierra localizada a 40 kilómetros al noreste de la ciudad de Kakuma, en el condado de Turkana, al norte de Kenia, inicialmente tenía por objeto aliviar el cercano y superpoblado campo de refugiados de Kakuma, que a causa de una afluencia adicional de refugiados de Sudán del sur en 2013, albergó al doble de refugiados para los que había sido diseñado (ACNUR, 2020b). En las discusiones en torno a los términos y condiciones en la asignación de tierras, el Gobierno del condado de Turkana comenzó la idea de un enfoque más sostenible e integrador para la asistencia a los refugiados, la cual evolucionó hasta convertirse en el KISEDP. El plan incluye una hoja de ruta para el asentamiento de Kalobeyei como nodo en el desarrollo de Turkana occidental a lo largo de 15 años. La fase 1 se extiende de 2018 a 2022. Los principios rectores generales de la aplicación del plan incluyeron diversos elementos: liderazgo gubernamental, centralidad de las comunidades, enfoque basado en la zona, sostenibilidad y desarrollo del mercado (ACNUR, 2018b). El KISEDP formó parte integral del Plan de Desarrollo Integrado del Condado de Turkana (CIDP, por sus siglas en inglés) y se alinea a los marcos y estrategias de políticas de desarrollo internacionales, regionales y nacionales: Agenda 2030 y ODS, GCR y CRRF, la Declaración de Nairobi y el Plan de Acción adoptado por la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD, por sus siglas en inglés), Visión 2030 del Gobierno y Agenda de los Cuatro Grandes.

Hacia finales de junio de 2022, el asentamiento albergaba a 45 mil 122 refugiados. La mayoría provenientes de Sudán del Sur, aunque también había una representación significativa de Somalia, Etiopía, Burundi y la República Democrática del Congo (RDC). Paralelamente, el cercano campamento de Kakuma daba asilo a una población de 188 mil 526 refugiados con una composición de nacionalidades similar a la de Kalobeyei (ACNUR, 2022).

En el centro del KISEDP permeó la idea del desarrollo comunitario y la autosuficiencia de los refugiados y las comunidades de acogida, a través de mejores oportunidades de vida y prestación de servicios (ACNUR, 2018b; ACNUR, 2019b). Mediante un enfoque integrador, el objetivo general del plan fue liberar el potencial económico de la presencia de refugiados a fin de optimizar las condiciones socioeconómicas de la población de Turkana occidental y, al hacerlo, promover una reorientación gradual del apoyo humanitario, con la intención de distanciarse de una dependencia total de la asistencia humanitaria (ACNUR, 2018b; ACNUR, 2019b). Este nuevo enfoque partió de lo que se ha denominado «Teoría de la elección», desarrollado explícitamente para permitir que los refugiados y las comunidades de acogida maximizaran su potencial en un entorno propicio. La teoría se basó en dos bloques: a) Crear un ambiente en el que se fortalecieran los sistemas nacionales de prestación de servicios inclusivos y las capacidades locales, se mejoraran los marcos jurídicos y las políticas, se promoviera un medio favorable para la inversión y la creación de empleo, y se fortaleciera la resiliencia de las comunidades; b) desarrollar las habilidades y capacidades de las personas para que se desenvolvieran con éxito en ese ambiente, y mejorar así la economía en general. Cabe destacar que la teoría no ofrecía ninguna descripción de cómo se situaba el tópico de la elección en los contextos mencionados.

Respecto a la «Teoría de la elección», se expusieron cuatro objetivos estratégicos: 1. Crear un entorno propicio que atrajera inversiones del sector privado y de proveedores de servicios financieros para favorecer la economía local. 2. Invertir en una infraestructura socioeconómica básica, introducir modelos sostenibles y fortalecer las capacidades para una prestación de servicios nacionales mejorada e inclusiva. 3. Perfeccionar la prestación de ayuda innovadora y aumentar la inclusión financiera de los refugiados y las comunidades de acogida, con el propósito de incrementar la autosuficiencia y reducir la pobreza. 4. Acrecentar el acceso a la educación superior y especializada, impulsar las habilidades y capacidades dirigidas al mercado de los refugiados y a las comunidades de acogida con miras a que participaran en la economía local. De acuerdo con el plan, el asentamiento se desarrollaría como un centro urbano, emplearía técnicas de desarrollo y planificación similares a las de las ciudades y con componentes programáticos que cubrieran prestación de servicios integrados, desarrollo de habilidades, protección, planificación espacial, infraestructura, agricultura, ganado, gestión de recursos naturales, energía y desarrollo del sector privado (ACNUR, 2018b; ACNUR, 2019b). Los recursos requeridos para la fase 1 se estimaron en 500 millones de dólares. Se movilizaron varias fuentes de financiación, incluyendo las humanitarias, de desarrollo, gubernamentales y del sector privado, cuya meta era financiar las actividades del KISEDP.

El desarrollo del enfoque integrador del plan, en particular sus dimensiones económicas, se fomentó en gran medida por los resultados de algunos estudios del Banco Mundial, los cuales concluyeron que existió un impacto positivo neto de la presencia de refugiados en el área y el potencial para el desarrollo del sector privado en el campo de Kakuma, basado en una capacidad de consumo familiar de más de 56 millones de dólares por año (Sanghi et al., 2017; World Bank, 2018). Otro estudio del Banco Mundial, relativo al impacto de los refugiados en los países de acogida de Turkana, dedujo que «un enfoque de desarrollo integrado y sostenible es crucial para garantizar un crecimiento económico estable, la inclusión social, la paz y la estabilidad en Turkana» (Vemuru et al., 2016:90). Un apoyo complementario provino de una encuesta realizada por el Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) y la Clínica Internacional de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de Harvard (IHRC, por sus siglas en inglés), que contabilizó aproximadamente 2 mil 500 empresas, es decir, 30% de las conocidas en Turkana (NRC e IHRC, 2018). Estos estudios se fundamentaron en la lógica económica de la integración, basaron sus supuestos en el potencial económico no utilizado del campamento y en una comunidad anfitriona no beneficiosa y marginada. En otras palabras, se trató de estudios previos que analizaron la potencialidad y no de conclusiones derivadas de los resultados de la implementación. Sorprendentemente, ninguno de ellos intentó examinar la magnitud y el impacto de la asistencia humanitaria asociada a los hallazgos en cuanto a las actividades económicas en el ámbito; y el potencial de los refugiados y la población de acogida como actores económicos; tampoco controló una eliminación gradual de la ayuda humanitaria. Gran parte de la literatura internacional reportada coincide que hay una relación económica positiva entre la presencia de operaciones humanitarias para refugiados; además, el desarrollo económico local pudo haber tenido un efecto racionalizador (Alix-Garcia et al., 2017; Taylor et al., 2016; Whitaker, 2002).

La igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, en tanto componentes esenciales del crecimiento económico sostenible y la reducción de la pobreza, se definen como principios básicos en el KISEDP, mismo que postula lo siguiente:

Los socios redoblarán sus esfuerzos para abordar las causas profundas de las desigualdades de género y discriminación, así como para promover mecanismos de integración de la perspectiva de género y centrarse en la capacitación de los jóvenes, las mujeres y otros grupos «marginados» en Turkana occidental. Las intervenciones de todos los componentes del KISEDP se centrarán en impulsar soluciones innovadoras que reconozcan y aborden las diversas necesidades de mujeres, niñas, niños y hombres, y que se conciban e implementen con perspectiva de género (ACNUR, 2018b:8).

A pesar de que 66% de los hogares de Kalobeyei los encabezan por mujeres, no se encuentra una aplicación deliberada y transversal de una perspectiva de género en los diferentes componentes del KISEDP; aparte de que la llamada «Teoría de la elección» no brinda ninguna orientación determinada sobre la lucha de las mujeres por lograr la autosuficiencia. En los componentes programáticos de agricultura, ganadería y gestión de recursos naturales (cinco) y sector privado y emprendimiento (ocho), los objetivos y actividades sugeridas generalmente no toman en cuenta los aspectos de género. Este último sostiene que 

las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) son instrumentos importantes tanto para la distribución de ingreso como para la participación equitativa de hombres y mujeres. (…) Las normas sociales limitan la participación de las mujeres en actividades económicas concretas. Las comunidades de refugiados se enfrentan con fuentes de ingresos fragmentadas debido a una planeación inadecuada, mercados inaccesibles, falta de organización y estrategias de supervivencia deficientes. Por ende, se debería realizar una evaluación más detallada de las dinámicas y fragilidades de género, medioambientales y sociales entre las comunidades (ACNUR, 2018a:9192).

Empero, ninguno de los objetivos y actividades sugeridos se dirige directamente a las mujeres y su situación económica y empresarial, según se aprecia en la cita. La perspectiva de género y los indicadores para medir los resultados bajo este enfoque se omiten en el seguimiento y la evaluación propuestos en el KISEDP, así como en el «Registro de lecciones aprendidas» sugerido.

Autosuficiencia de la mujer y medios de vida sostenibles en situaciones de refugio prolongado: enfoques teóricos y literatura existente

Antes de abordar las condiciones y los resultados reales de la autosuficiencia y los medios de vida sustentables de las mujeres en el asentamiento de Kalobeyei, sería interesante situar el tema con relación al total de la literatura existente en la materia: conceptos y estudios teóricos. Es necesario, entonces, incorporar los debates teóricos recientes acerca de la autosuficiencia de las mujeres y los medios de vida sostenibles con respecto a la reproducción social. Esto es importante por dos razones: en principio, porque su trabajo en los campos de refugiados se ha investigado relativamente poco; en seguida, y a la luz de los debates actuales, la crisis de la reproducción social se ha acelerado tras la pandemia de covid-19 y el cambio climático en curso. Lo importante aquí es que, en teoría, esos debates descuidaron en gran medida la situación que se atraviesa en el Sur Global (Mezzandri, 2020), en específico en los campos de refugiados. 

La emancipación y transformación de las mujeres se teorizaron desde la visión del género y el trabajo; en ese sentido, las discusiones recientes dentro de los estudios de la reproducción social aportan valiosas contribuciones. A partir de ello, es crucial no sólo preguntarse cómo las mujeres modifican sus posiciones, sino —y en su lugar— teorizar acerca de cómo su trabajo reproductivo forma parte de las relaciones de producción. Frigga Haug (2020) subraya la necesidad de desarrollar una perspectiva que sugiera la trascendencia de valorar dos formas de producción: la producción de vida y la producción de los medios de vida, afirma que deben analizarse conjuntamente (2020). Al hacerlo, se revelarían las especificidades de cada forma de producción, así como la manera en que interactúan. Dicho enfoque comprende una óptica amplia de las relaciones de producción y, aparte de las relaciones laborales, las relaciones educativas y el acceso a la escolarización son relaciones de producción. Por ende, éstas se encuentran marcadas por el género y se analizan en conjunto con las normas, los valores, la cultura y el lenguaje. Es decir, el género no es un añadido a ellas. 

Las investigadoras feministas negras realizaron un desarrollo significativo de las teorías de la reproducción social, destacaron que las formas anteriores de las teorías de la reproducción social engloban una conceptualización muy estrecha del trabajo y se centran en las experiencias de las mujeres blancas y burguesas (Davis, 1983). Adicionalmente, la crítica feminista negra pone de relieve cómo las relaciones históricas del colonialismo y la expansión capitalista repercuten en las relaciones de producción contemporáneas (Davis, 1983). Este enfoque no sólo desnaturaliza el trabajo de cuidado como más idóneo para las mujeres, sino que cuestiona la percepción de la mujer como una categoría ontológica más general. El elemento feminista africano en esos debates es vital para este artículo; en concreto, la discusión sobre el trabajo y la emancipación de la mujer en un contexto africano debe incluir necesariamente la importancia de la tierra en la reproducción social y el trabajo para sobrevivir, esto es, los medios de subsistencia (Ossome, 2021a, b). Ello implica dos contribuciones trascendentales en el área. De entrada, sitúa en el primer plano de nuestro análisis la historia del colonialismo y la esclavitud, y, en el contexto de esta investigación, la migración y la búsqueda de soluciones duraderas. En seguida, al remitirse a las relaciones agrarias resalta las relaciones culturales que a menudo se subestiman en las interpretaciones economicistas de las soluciones duraderas para los refugiados. Asimismo, la polémica en torno a la ampliación de nuestra comprensión acerca de la teoría de la reproducción social que incluya perspectivas ecológicas y de subsistencia (Britwum, 2016; Fakier y Cock, 2009) transforman de modo paulatino dicho ámbito. En ese tenor, los recientes debates referente a cómo la teoría de la reproducción social examina el creciente número de trabajadores no asalariados y del sector informal contribuyen también al tema (Mezzandri, 2020). En sí, el presente artículo constata cómo las aludidas críticas al feminismo de la reproducción social son válidas en contextos de políticas orientados a encontrar soluciones duraderas para los refugiados. 

La literatura existente evidencia que, a pesar de la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas en situaciones de refugio, aquellos que emplean un análisis de género en la revisión de las estrategias de supervivencia de los refugiados son poco habituales (Al Zoubi, 2022; Cheung and Phillimore, 2017). Cheung y Phillimore enfatizan la relevancia de efectuar un análisis de género en torno a los resultados de la integración de los refugiados, se ciñen a los hallazgos de las notables diferencias de género en cuanto al acceso a la educación, la formación, el empleo, la salud, la situación financiera, la vivienda y el dominio del idioma, hecho que conlleva a la aplicación de diferentes estrategias de afrontamiento (Al Zoubi, 2022; Cheung and Phillimore, 2017) en términos de gravedad y coste, las cuales se ven influidas por las costumbres, las estructuras domésticas y la capacidad de las mujeres. La literatura sobre género y estrategias de afrontamiento en el contexto de exilio y refugiados deja entrever que la relación es bidireccional. Si bien el género conduce a las personas a adoptar ciertas estrategias, éstas de igual manera pueden provocar un cambio en las normas de género. Las estructuras patriarcales establecidas se ven comprometidas por nuevas autoridades en forma de organizaciones humanitarias que controlan los recursos y las formaciones ideológicas, que inciden en las estrategias de afrontamiento de hombres y mujeres y en su nivel de maniobra (Felleson, 2003; Turner, 1999). De ahí que las divisiones del trabajo en función del género pueden cambiar la situación de las mujeres en su papel de sostén principal del hogar.

El riesgo, la inseguridad y la vulnerabilidad se manifiestan de distinta manera entre hombres y mujeres. Un estudio reciente sobre Kakuma y Kalobeyei exhibe una alta prevalencia de inseguridad para las mujeres en muchos ámbitos de la economía informal y de significación para el desarrollo de la autosuficiencia y los medios de subsistencia; por ejemplo, la tensión con la comunidad de acogida, los conflictos intra o interculturales con la comunidad de refugiados, la desconfianza en el personal de seguridad y las situaciones de inseguridad en el acceso a la atención de salud, incluida la violencia obstétrica (Lalla et al., 2020). En específico, debido al menor acceso físico al mercado comercial y a los servicios, el estudio presentó una mayor prevalencia de inseguridad entre las mujeres de Kalobeyei en comparación con las de Kakuma (Lalla et al., 2020). Igualmente, las niñas son las primeras en ser sacadas de la escuela o en enfrentarse al matrimonio precoz durante las crisis, cuando los recursos de los hogares están al límite. Esta circunstancia aumenta el riesgo de abusos sexuales, embarazos adolescentes y prostitución como estrategias de supervivencia. Diversas formas de relaciones de dependencia con los hombres también aumentan la vulnerabilidad de las mujeres refugiadas. El acceso a la financiación es otro obstáculo para su autosuficiencia y el establecimiento de actividades de subsistencia. Por lo regular, tienen menos acceso a los servicios financieros (apertura de cuentas bancarias, obtención de tarjetas de crédito y préstamos) lo que denota que las posibles actividades generadoras de ingresos y las ideas empresariales siguen siendo de pequeña escala y en el nivel de intercambio de mano de obra por alimentos o vivienda.

De modo complementario, sus medios de subsistencia se ven afectados por factores del exterior, factores que determinan el contexto de vulnerabilidad en el que deben desenvolverse los hogares. Es una realidad que los refugiados no sólo deben afrontar la experiencia traumática de la huida y el desplazamiento, sino que suelen acabar con recursos limitados para dedicarse a actividades de subsistencia a causa de la pérdida de bienes y capacidades. Un desafío más es la incoherencia entre los principios del trabajo de desarrollo y la acción humanitaria al abordar conceptos como sostenibilidad, desarrollo de capacidades institucionales y empoderamiento. El tema de los derechos se liga directamente a este problema, puesto que a muchos refugiados se les restringe la posibilidad de establecer o mantener sus medios de subsistencia, tal y como consagran los derechos internacionales, el derecho humanitario y el derecho de los refugiados (Fellesson, 2003).

En ese sentido, los medios de subsistencia de los refugiados rurales se basan a menudo en la agricultura de subsistencia y el pastoreo como mecanismos de supervivencia, que requieren la disponibilidad y el acceso a la tierra y los recursos naturales. La ubicación física de las zonas de acogida de refugiados es, por tanto, vital. Lo anterior aunado al hecho de que muchos refugiados viven en zonas donde la violencia y la inestabilidad no favorecen la realización de actividades de subsistencia. Las restricciones de seguridad pueden impedir a los refugiados valerse por sí mismos, incluso llegar a constituir un serio obstáculo a sus intentos de encontrar formas productivas de ganarse la vida. La seguridad física se vincula con las esferas básicas del ACNUR, como la no devolución y la garantía de un entorno de asilo seguro. Situar a los refugiados en lugares remotos y desconocidos dificulta aún más el desarrollo de sus medios de vida. Más grave aún es el hecho de que los campamentos cerrados no sean los lugares ideales para promover sus medios de subsistencia, quizá se podría lograr un mayor éxito si tuvieran acceso a los mercados y a las oportunidades de empleo.

Examen de las condiciones y perspectivas de la autonomía y los medios de vida sostenibles de las mujeres en Kalobeyei. Resultados y realidades

El razonamiento anterior desvela una complejidad en torno a la autosuficiencia y los medios de subsistencia en un contexto de refugiados, sobre todo en lo que respecta a las condiciones y perspectivas de las mujeres vistas desde la óptica de la reproducción social. Bajo este entendimiento, examinemos ahora las actividades y los resultados de la aplicación del KISEDP y cómo se sitúan en las condiciones fácticas que rodean la existencia de los refugiados en el asentamiento de Kalobeyei.

En principio, el KISEDP ha sido objeto de múltiples esfuerzos de investigación y evaluación. En 2019 se valoró el proceso de las oportunidades y los retos de su implementación (ACNUR y Danida, 2019), una valoración que concluyó que el objetivo de aumentar la autosuficiencia de los refugiados se ve obstaculizado por la lejanía y el escaso desarrollo de las infraestructuras en Turkana, en conjunción con los rasgos restrictivos de la política de campamentos. La evaluación sugería escenarios constatables del ritmo al que podría alcanzarse la autosuficiencia; en primer plano se ubicaba lo que podría considerarse un componente de base en cualquier trabajo de desarrollo preparatorio dirigido a la integración económica. Este desacierto se confirmó todavía más cuando la evaluación recomendó la conveniencia de explorar alternativas que permitiera la reubicación de los refugiados en otras partes de Kenia (ACNUR y Danida, 2019). A la vez un informe del Grupo de Política Humanitaria del Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI, por sus siglas en inglés), el cual verificó los progresos efectuados con la finalidad de alcanzar la autosuficiencia de los refugiados en una serie de países africanos piloto del CRRF, determinó que no obstante el interés inicial de muchos donadores internacionales en el KISEDP, hasta el momento no se había materializado en ninguna aportación sustancial (O’Callaghan et al., 2019). Por su parte, una revisión del Fondo Fiduciario de Emergencia de la Unión Europea para África (EUTF, por sus siglas en inglés) —creado para abordar las causas profundas de la migración irregular y los desplazamientos en África, así como para promover la estabilidad, inclusive es considerado uno de los principales donantes del KISEDP— reveló problemas de diseño y coordinación deficientes y exigió «un cambio significativo en los planteamientos de los medios de subsistencia que garantizaran la sostenibilidad y el impacto» (O’Callaghan et al., 2019:12). Paralelamente, se ha cuestionado el liderazgo y la capacidad de desarrollo de ACNUR para impulsar el plan, por tanto se ha sugerido que debería haber una mayor participación de organismos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) más orientada hacia el desarrollo, como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por su acrónimo en inglés), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el PMA (O’Callaghan et al., 2019).

Con la intención de contribuir a la programación del KISEDP, mediante un conjunto estandarizado de indicadores acorde con las recientes encuestas nacionales de hogares en Kenia, el Banco Mundial, en colaboración con el ACNUR, realizó un mapeo del perfil socioeconómico de las poblaciones de refugiados y de acogida en Kalobeyei en términos de su perfil socioeconómico (PSE) (BM, 2020). La encuesta apuntó que había un mayor nivel de pobreza (58%) entre los refugiados, en contraste con la media nacional de Kenia (37%), aunque era inferior en cuanto a la media del condado de Turkana (72%) (BM, 2020). En comparación con la población de acogida, los refugiados de Kalobeyei se encontraban generalmente en mejor situación cuando se estudiaban los niveles de privación (según el Índice de Pobreza Multidimensional, IMP) relativos a la educación, la salud y el nivel de vida. En específico se abordaron los temas de seguridad alimentaria y autosuficiencia, se puso de relieve la necesidad de intervenciones agrícolas autosuficientes (BM, 2020). Una investigación actual centrada exclusivamente en los factores que favorecen la autosuficiencia dedujo que «es notable que los refugiados de Kakuma y Kalobeyei siguen estando muy lejos de conseguir la autosuficiencia» (Betts et al., 2019:5).

Hasta la fecha, lo sintomático de los estudios y evaluaciones llevados a cabo es que las piezas torales de la aplicación del KISEDP (como el restrictivo marco jurídico y los límites medioambientales de la existencia de los refugiados) han quedado relativamente desatendidas. La mayoría de dichos estudios aluden a aspectos que suponen tensiones, pero no las destacan como un factor principal que delimite los requisitos previos para el desarrollo del plan. Tampoco la situación y las condiciones para la autosuficiencia y los medios de subsistencia de las mujeres se han contemplado.

El tópico del empoderamiento y los medios de subsistencia de las mujeres también está ausente en los informes oficiales de resultados sobre el KISEDP. En el más reciente, que comprende el periodo de 2019 a 2021, sólo se encuentran escasos resultados derivados de contribuciones orientadas a las mujeres. Cabe destacar que, casi siempre, una contribución se presenta como el resultado en sí mismo y no como el resultado derivado de una contribución propiamente. La mayoría se enfocan en diferentes tipos de formación, por ejemplo, superar las barreras que les impide a las mujeres crear y dirigir una empresa. Adicionalmente, el informe enfatiza en la creación de un Centro de Empoderamiento de la Mujer para satisfacer sus necesidades en los espacios públicos de Kalobeyei, como modelo que ilustre la sensibilidad de género en el nexo entre ayuda humanitaria y desarrollo. Los informes no incluyen datos acerca del desarrollo empresarial en términos de número, orientación, tamaño y propiedad en función del género. En consecuencia, no es posible discernir un vínculo entre el aumento del número de empresas propiedad de mujeres y las inversiones realizadas, por ejemplo, en formación u otras acciones destinadas a apoyar la autosuficiencia y las actividades de subsistencia. En cambio, los informes concernientes al sector privado y al espíritu empresarial comienzan con la siguiente afirmación: «A pesar de constituir un gran porcentaje del grupo de refugiados en Kakuma, las mujeres siguen estando muy por detrás de los hombres en cuanto a empleo y gestión de su propio negocio. Existe, además, un bajo cumplimiento empresarial en cuanto a permisos para operar» (ACNUR, 2021c).

A decir verdad, el informe no prioriza el estado de los medios de subsistencia y la autosuficiencia de las mujeres en su lista de los principales retos y objetivos con miras al futuro. La misma observación se hace en los informes de agricultura, ganadería y gestión de los recursos naturales. Con el propósito de comprender mejor la importancia de estos resultados, es preciso contextualizarlos. De modo que las contribuciones para impulsar la autosuficiencia, los medios de subsistencia y sus resultados deben situarse en el contexto de las premisas básicas en cuanto a los medios de subsistencia de los refugiados en términos de a) el marco jurídico y b) la ubicación geográfica del asentamiento.

Desde hace tiempo, Kenia es signataria de una serie de convenios internacionales básicos referente a los derechos humanos y a la protección de los refugiados, sobresalen la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y el Protocolo sobre el Estatuto de los Refugiados. Sin embargo, no ha formulado reservas ni enmiendas interpretativas referente a este u otros tratados pertinentes (Kabau y Njoroge, 2011). Así, junto con la Constitución de 2010, puede considerarse que conforman un marco de orientación encauzado a la política de asilo y refugio del país. En 2021, el Parlamento de Kenia aprobó una nueva legislación sobre refugiados, la Ley de Refugiados de 2021, que sustituyó a la Ley de Refugiados de 2006 (Gobierno de Kenia, 2021). Al igual que su predecesora, la nueva ley incorporó muchos de los principios de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. De acuerdo con la información, las disposiciones clave de la Ley de Refugiados de 2006, empero, no se aplicaron en la práctica y sigue pendiente una política global de refugiados que determine su aplicación real (Ambani, 2010; Nanima, 2017). Cuando Kenia respaldó la Ciencia de Materiales Sostenible (GCR, por sus siglas en inglés) y adoptó el CRRF como país piloto en 2017, eso pudo considerarse una señal de la aspiración del país para salvar la brecha entre la política y la jurisdicción. El llamado del Pacto a soluciones más integradoras y orientadas al desarrollo para las situaciones prolongadas se refería directamente a la situación de Kenia, con grandes poblaciones de refugiados de larga duración confinadas en los campos de Kakuma y Dadaab. Los acuerdos abrieron oportunidades que facilitaron la integración económica a través de la autosuficiencia y los medios de subsistencia. Si nos detenemos en el contenido de la nueva Ley de Refugiados de 2021, no se hace ninguna referencia al GCR ni al CRRF.

La Ley de Refugiados de 2021 sigue, en gran medida, el camino trillado de la Ley anterior, imponiendo restricciones a los desplazamientos y al campamento como principal solución de acogida. No obstante, la Ley contiene algunos párrafos en apoyo del planteamiento de KISEDP:

Se permitirá a los refugiados contribuir al desarrollo económico y social de Kenya mediante el acceso a la documentación requerida y su expedición en ambos niveles de gobierno. Con sujeción a las leyes aplicables y atendiendo sus circunstancias especiales, todo refugiado reconocido en virtud de la presente Ley tendrá derecho a dedicarse, individualmente o en grupo, a un empleo o empresa remunerados o a ejercer una profesión u oficio cuando posea cualificaciones avaladas por las autoridades competentes de Kenya (párrafo 28:45).

Por consiguiente, a diferencia de su predecesora, la nueva Ley considera a los refugiados como agentes económicos, lo que también constituye una pieza clave del KISEDP. Sus actividades económicas están condicionadas a que no tengan un impacto negativo en las comunidades de acogida, los recursos naturales o el medio ambiente local; aunque no se especifica el significado de «negativo». En contraste con este lenguaje más integrador relativo a la importancia económica del refugiado, se hallan articulaciones claras y continuas en torno a las restricciones de residencia (zonas designadas) y movimientos. El término «zonas designadas» aparece en varios lugares de la Ley, pero su connotación emerge con mayor claridad en la sección de los derechos y deberes de los refugiados en Kenia, ahí se declara que «el secretario del Gobierno podrá, mediante notificación en la Gaceta y en consulta con los gobiernos de condado pertinentes, designar condados específicos para acoger refugiados. El secretario del Gobierno podrá, mediante notificación en la Gaceta, designar lugares y zonas de Kenia como centros de tránsito para acoger temporalmente a refugiados» (Ley de Refugiados, 2021, párrafo 28:23).

Parece haber una pretensión a valorar a los refugiados como agentes económicos, pero dentro de las fronteras de las zonas designadas. El aumento de la libertad económica de los refugiados mediante la simplificación del complejo proceso actual de obtención de permisos de trabajo, no es visible en la Ley. De manera que quedan fuera de la ecuación elementos estratégicos indispensables para aumentar la inclusión financiera y económica de los refugiados y las comunidades de acogida, lo que podría aumentar la autosuficiencia y reducir la pobreza. Cabe destacar que, en general, la ley no toma en cuenta las cuestiones de género, salvo en las secciones que describen a los grupos vulnerables que requieren protección especial. El papel de la mujer en el desarrollo de actividades económicas no se aborda en ninguna parte de la ley.

A la luz de la nueva ley de refugiados, el desarrollo del KISEDP se sustenta en una plataforma legislativa bastante débil y, en parte, contradictoria. Examinemos ahora las perspectivas de autosuficiencia y medios de subsistencia con respecto a los puntos clave del entorno socioeconómico de acogida en el asentamiento de Kalobeyei y sus alrededores. Un requisito indispensable para que despegue la estrategia de subsistencia del KISEDP es el acceso a cantidades suficientes de agua. Con todo, las condiciones geográficas de la ubicación del asentamiento plantean dificultades para cualquier tipo de actividad de subsistencia, en concreto la producción agrícola. Más de 80% del condado de Turkana se clasifica como árido o muy árido y los patrones y la distribución de las lluvias son erráticos. La ubicación del asentamiento se encuentra dentro de esta última categoría, exhibe condiciones próximas al desierto. En ese sentido, una estrategia centrada en la producción agrícola como base para la autosuficiencia debe, en primer lugar, encontrar soluciones innovadoras y sostenibles referente a la cuestión crítica del acceso al agua. A lo largo de los últimos 30 años de desarrollo en el vecino campo de Kakuma, no se hallan ejemplos de actividades agrícolas a escala, sólo pequeños huertos familiares que siguen siendo una actividad al margen, adicional a la ayuda alimentaria del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Por lo que atañe a las características socioeconómicas de la población de la zona, vistas en relación con los objetivos del KISEDP y las condiciones fácticas previas para el sustento y la autosuficiencia de la zona de acogida, se palpan diversos aspectos desafiantes. Según el CIDP II de Turkana, cerca de 80% de la población local vive por debajo del umbral de pobreza, frente a la media nacional de 31%. El condado de Turkana tiene también el mayor número de pobres en situación extrema, con más de 15% del total del país (KIPPRA, 2020). Un reciente estudio socioeconómico, realizado por el Banco Mundial en colaboración con el ACNUR y destinado a respaldar el GCR, muestra una imagen bastante completa de los aspectos básicos imprescindibles para el desarrollo de la autosuficiencia económica (ACNUR, 2018b). La encuesta confirma la opinión predominante referente a las restricciones de movimiento y las limitaciones de los permisos de trabajo que «restringen esencialmente la capacidad de los refugiados para trabajar y generar ingresos, socavando la autosuficiencia» (ACNUR 2018b). El informe sostiene que cerca de 80% de los refugiados permanecen al margen de la población activa, no sólo por las restricciones, sino también por la falta de acceso a la financiación y a los sectores reservados a la población de acogida.

Estudios anteriores, como el de la Cooperación Financiera Internacional (CFI) de 2018, que influyó enormemente en el apoyo internacional al desarrollo del KISEDP, resaltaban la pujante vida económica de los refugiados en la vecina Kakuma. Desde entonces, las perspectivas positivas de estos estudios se han sustituido de manera gradual por un tono más pesimista: «Es probable que la autosuficiencia en Kalobeyei o Kakuma sea extremadamente difícil de lograr». Los factores propicios son actualmente demasiado débiles para ofrecer una perspectiva realista de autosuficiencia de los refugiados a corto plazo (Betts et al., 2019:32). También se pone de manifiesto la estrecha relación entre la ayuda y el desarrollo económico: «Sin el sistema de ayuda, la mayoría de las empresas de Kalobeyei y Kakuma colapsarían» (Betts et al., 2019:33).

Conclusiones

La brecha cada vez mayor entre el ambicioso planteamiento del GCR y la puesta en práctica en el lugar es crítica. Con base en el KISEDP, a partir de una perspectiva jurídica y socioeconómica, este artículo examinó las premisas de desarrollo para la autosuficiencia y los medios de vida sostenibles de las mujeres. Los datos y los resultados presentados muestran un panorama adverso en torno a las perspectivas de desarrollo del plan según lo previsto. A pesar de que en la nueva legislación del país se vislumbra un ligero cambio que tiende hacia un enfoque más integrador desde el punto de vista económico, los obstáculos a la circulación y a la inclusión social todavía constituyen impedimentos decisivos para el desarrollo de oportunidades de subsistencia y autosuficiencia de los refugiados en el asentamiento de Kalobeyei. Mientras no se aborden de forma realista las premisas básicas para la integración económica, dicho asentamiento mermará sus posibilidades de alcanzar un beneficio en cuanto a la solución sostenible e integradora propuesta por el KISEDP. No obstante, seguirá siendo una alternativa a la ayuda humanitaria para aquellos que esperan la repatriación o el reasentamiento como soluciones duraderas a los refugiados. Por lo que concierne al numeroso grupo de mujeres en tanto criadoras de familia, la naturaleza jurídica restrictiva que las atañe es alarmante debido a su mayor vulnerabilidad y a los múltiples escollos existentes para su capacitación económica y autosuficiencia sostenible a través de diferentes alternativas de sustento en comparación con los hombres.

Tal como se argumentó, se percibe de igual forma un claro desajuste entre los requisitos operativos del plan y las realidades geográficas y medioambientales. Generalmente, el diseño de los programas de medios de subsistencia debe ser flexible y responder a las necesidades locales y a las condiciones geográficas específicas. En el caso que nos ocupa, la mayor parte de la información disponible acerca de las condiciones geográficas y medioambientales de la zona donde se ubica el asentamiento no contempla el enfoque autosuficiente planteado en el KISEDP. A menos que se apoye en innovaciones de vanguardia, la capacidad agrícola potencial de la región no es ni de lejos capaz de mantener a una población del tamaño actual de Kalobeyei. En consecuencia, para cualquier proyecto agrícola a gran escala que pretenda reducir de forma significativa la dependencia de la ayuda alimentaria, la selección de Kalobeyei como emplazamiento parece poco realista. Esta conclusión posee determinadas implicaciones para el amplio grupo de mujeres que participan en las actividades agrícolas de subsistencia como sostén de la familia.

Si se pretende materializar alguno de los objetivos básicos del KISEDP, hay muchos indicios que sugieren la necesidad de revisarlo. En su estado actual, la implementación se basa en una amalgama incompatible de una gran visión del desarrollo, que alude a inclusión, movilidad y desarrollo económico, misma que debe llevarse a cabo en un entorno muy restringido y económicamente hostil. Las condiciones para la autosuficiencia y los medios de subsistencia de las mujeres deben abordarse de manera más realista y sistemática, tanto en la política como en la programación, a fin de responder a las circunstancias imperantes de modo sostenible. Ello es primordial inclusive si el plan se entiende como una solución provisional que facilitaría un eventual retorno en lugar de la integración local en tanto solución duradera. Los resultados respecto a la autosuficiencia y a los medios de subsistencia de las mujeres en Kalobeyei son, igualmente, relevantes para la aplicación de planes de desarrollo sostenible en otras situaciones de refugio prolongado. En síntesis, el hallazgo más notable a este respecto es la urgencia de un análisis de sostenibilidad multifactorial en una fase inicial de la planificación de estrategias destinadas a promover las actividades de subsistencia. Un desajuste entre el plan y la realidad en el área no sólo es costoso, sino que, peor aún, puede crear falsas esperanzas y colocar a los refugiados en una situación que no podrán manejar desde el principio. La agudización del problema de las situaciones prolongadas en el mundo en combinación con la disminución de los recursos hace que el reto sea tan difícil de gestionar como imperioso de resolver.

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Notas 

1 Las situaciones de refugiado prolongado se definen como aquellas en las que más de 25 mil refugiados del mismo país de origen han estado exiliados en un país de acogida de ingresos bajos o medios durante al menos cinco años consecutivos. Esta definición debe considerarse un reflejo de la situación de los refugiados en su conjunto y no se refiere a las circunstancias de los refugiados individuales (ACNUR, 2021).

2 El ACNUR ha definido la autosuficiencia como la capacidad social y económica de una persona, un hogar o una comunidad para satisfacer sus necesidades esenciales (incluida la protección, la alimentación, el agua, el alojamiento, la seguridad personal, la salud y la educación) de forma sostenible y con dignidad. La autosuficiencia, como enfoque programático, se refiere al desarrollo y fortalecimiento de los medios de subsistencia de las personas afectadas y a la reducción de su vulnerabilidad y dependencia a largo plazo de la ayuda humanitaria/externa (ACNUR, 2005).

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