Migración y Desarrollo, volumen 23, número 45, segundo semestre 2025, es una publicación semestral editada por la Universidad Autónoma de Zacatecas «Francisco García Salinas», a través de la Unidad Académica de Estudios del Desarrollo, Jardín Juárez 147, colonia Centro, Zacatecas, C.P. 98000, Tel. (01492) 922 91 09, www.uaz.edu.mx, www.estudiosdeldesarrollo.net, revistamyd@estudiosdeldesarrollo.net. Editor responsable: Raúl Delgado Wise. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo Vía Red Cómputo No. 04-2015-060212200400-203. ISSN: 2448-7783, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de última actualización: Unidad Académica de Estudios del Desarrollo, Maximino Gerardo Luna Estrada, Campus Universitario II, avenida Preparatoria s/n, fraccionamiento Progreso, Zacatecas, C.P. 98065. Fecha de la última modificación, septiembre de 2025.

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https://doi.org/10.35533/myd.numero45

La reestructuración neoliberal y la exportación de fuerza de trabajo dominicana altamente calificada hacia Estados Unidos

Neoliberal restructuring and the export of highly skilled Dominican labor to the United States

Recibido 08/07/25 | Aceptado 29;/07/25

Jorge Vásquez Sena*

** Dominicano. Licenciado en Sociología, Asociación Dominicana de Estudiantes de Sociología. Correo-e: jorgevasquez654@gmail.com

Resumen. Este trabajo analiza, desde una perspectiva histórico-estructural y contrahegemónica, la emigración de profesionales dominicanos altamente calificados hacia Estados Unidos bajo la reestructuración neoliberal global. Tras la crisis de 1970-1980, la República Dominicana sustituyó su modelo agroexportador tradicional por una economía de servicios (turismo y zonas francas). Esta transición, guiada por organismos internacionales, precarizó el mercado laboral local e incrementó la informalidad, impulsando la migración incluso de sectores con educación superior. A través de fuentes documentales y estadísticas, se evidencia el crecimiento exponencial de esta cohorte calificada en territorio estadounidense, insertada en sectores estratégicos como administración, finanzas y áreas CTIM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). El estudio concluye que este flujo migratorio representa una exportación directa de fuerza de trabajo que transfiere valor neto desde la periferia subordinada hacia el centro hegemónico, subsidiando la vanguardia tecnológica global y reproduciendo lazos de dependencia e intercambio desigual.

Palabras clave: reestructuración neoliberal, dependencia, enfoque histórico-estructural, fuerza de trabajo, exportación de fuerza de trabajo.

Abstract. This paper analyzes, from a historical-structural and counter-hegemonic perspective, the emigration of highly qualified Dominican professionals to the United States under global neoliberal restructuring. Following the 1970-1980 crisis, the Dominican Republic replaced its traditional agro-export model with a service-based economy (tourism and free-trade zones). This transition, guided by international organizations, rendered the local labor market precarious and increased informality, driving migration even among those with higher education. Through documentary and statistical sources, the study highlights the exponential growth of this qualified cohort within US territory, integrated into strategic sectors such as administration, finance, and STEM (Science, Technology, Engineering, and Mathematics) fields. The study concludes that this migratory flow represents a direct export of labor that transfers net value from the subordinated periphery to the hegemonic center, subsidizing the global technological vanguard and reproducing ties of dependency and unequal exchange.

Keywords: neoliberal restructuring, dependency, historical-structural approach, labor force, export of labor.

 

Introducción

La configuración del sistema capitalista mundial se ha sustentado históricamente sobre relaciones asimétricas que dictan dinámicas polarizadas para las naciones. La división internacional del trabajo no constituye un escenario nivelado de oportunidades, sino una estructura jerárquica que contrapone un centro hegemónico a una periferia subordinada, donde el subdesarrollo no representa una fase previa al desarrollo, sino un producto directo de una integración dependiente.

Desde los centros metropolitanos industrializados, la expansión del capitalismo hacia las regiones periféricas sentó las bases de un entramado interestatal profundamente asimétrico. Como se argumenta desde la literatura sociológica, la estructura de las relaciones económicas internacionales condiciona de forma insoslayable las características internas de los mercados nacionales (Del Búfalo, 2002). La coexistencia de un bloque desarrollado frente a un polo dependiente y subdesarrollado no responde a fallas fortuitas o locales en la aplicación de los modelos liberales, sino que el subdesarrollo es funcional para el mantenimiento de las estructuras globales de dominación imperialista (Gunder, 1966).

La crisis de los 1970 y la subsecuente reestructuración neoliberal propiciaron innovaciones científico-tecnológicas (lideradas por la microelectrónica y conglomerados transnacionales) que reorganizaron la producción mundial a través de tres operaciones complementarias: la relocalización del capital hacia la periferia para aprovechar la mano de obra de bajo costo, la aceleración tecnológica y la atracción selectiva de inmigrantes hacia las economías centrales con el fin de abaratar los costes laborales (Delgado, 1993; Forcinito y Tolón, 2009; Delgado et al., 2009).

Esta dinámica consolidó la «exportación indirecta o incorpórea de fuerza de trabajo» mediante enclaves de ensamble (maquiladoras o zonas francas), donde el valor se transfiere al exterior y se genera de manera dialéctica una subsecuente exportación directa vía migración laboral (Delgado et al., 2009). La exportación directa de fuerza de trabajo calificada impone graves perjuicios a las naciones periféricas, debido a que el país emisor asume los costes de reproducción y formación de estos profesionales, mientras que se anulan las capacidades de innovación local, limitando el desarrollo autónomo (Delgado et al., 2009).

Para República Dominicana, este periodo crítico significó el colapso del modelo de sustitución de importaciones y de la industria azucarera, forzando un vuelco guiado hacia los servicios (turismo y zonas francas). Dicha transición consolidó un esquema de exportación indirecta de fuerza de trabajo caracterizado por la precariedad y el débil encadenamiento productivo local. El consecuente deterioro de las condiciones de vida potenció un éxodo migratorio que, paulatinamente, incorporó de forma creciente a profesionales de alta cualificación, como se detallará a continuación.

Frente a este panorama, se estima pertinente plantear la siguiente cuestión: øqué implicaciones estructurales reviste para República Dominicana la contemporánea exportación directa de fuerza de trabajo altamente calificada hacia Estados Unidos? Asimismo, resulta de interés indagar sobre las modalidades de inserción laboral que asumen estos profesionales en el mercado de trabajo estadounidense.

Se asume como hipótesis central de este trabajo que la exportación de fuerza de trabajo altamente calificada de República Dominicana hacia Estados Unidos se encuentra vinculada de manera directa al proceso de reestructuración neoliberal implementado en el país bajo las directrices de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional. Se entiende que, como describe Delgado Wise (2023) para el caso mexicano, las medidas de ajuste estructural tienden a degradar de manera sistemática la calidad del empleo y los niveles de vida internos, operando como un resorte de expulsión que empuja a los profesionales de alta calificación a satisfacer las demandas de trabajo tecnificado del capital central, profundizando el intercambio desigual y los lazos históricos de dependencia entre República Dominicana y Estados Unidos.

El desarrollo y las migraciones desde los enfoques histórico-estructurales

Frente a las interpretaciones funcionalistas y desarrollistas que entendían el desarrollo como un tránsito lineal, progresivo y homogéneo hacia la industrialización, las teorías de la dependencia demostraron que la expansión del capitalismo internacional se asienta en una asimetría de poder que perpetúa la subordinación de la periferia (Bambirra, 1978; Massey, 2017). Cardoso y Faletto (1977) argumentaron que las situaciones de subdesarrollo se consolidaron históricamente cuando los mercados periféricos se vincularon de modo desigual a la estructura capitalista global, ocupando posiciones subordinadas que condicionan su autonomía política y económica en favor de los intereses de las economías del centro.

Desde la perspectiva de la Teoría Marxista de la Dependencia, Ruy Mauro Marini (2008) situó el origen de este fenómeno en la división internacional del trabajo impuesta desde la expansión mercantil europea. En este marco de subordinación, las relaciones de producción internas de las naciones periféricas son modificadas o reajustadas para asegurar la reproducción ampliada del capital central mediante mecanismos de transferencia de valor, intercambio desigual y la superexplotación del trabajo, dinámicas potenciadas por la penetración de corporaciones imperialistas.

Por su parte, la teoría de los sistemas-mundo de Immanuel Wallerstein (2011a y 2011b) define la economía-mundo capitalista como una entidad económica unificada por lazos mercantiles, pero políticamente fragmentada, dividida estructuralmente en centro, semiperiferia y periferia. El sistema opera mediante una dinámica de desarrollo desigual que distribuye de forma asimétrica las recompensas y excedentes económicos, explotando mano de obra barata en las regiones periféricas para financiar la acumulación de capital en el centro (Wallerstein, 2011a; Arango, 2003). La semiperiferia cumple la función política de suavizar o velar las contradicciones sistémicas, simulando una fluidez o movilidad ascendente dentro de la jerarquía global (Wallerstein, 1974; J. Petras, 1981). El subdesarrollo es, por tanto, una consecuencia sociohistórica intrínseca a la estructura del capitalismo global (Gunder, 1966).

Bajo la óptica histórico-estructural, los movimientos migratorios internacionales no constituyen simples agregados de decisiones individuales guiadas por la racionalidad económica, sino desplazamientos condicionados por las relaciones de dominación centro-periferia y las distorsiones de la división internacional del trabajo (Arango, 2003; Massey, 2017). Las economías periféricas volcadas hacia la exportación primaria o dependientes de la inversión extranjera directa sufren severas disrupciones en sus mercados de trabajo internos, lo que genera desarticulación laboral y desplazamientos internos de mano de obra (Fiala, 1992).

Elizabeth McLean (1981) sostiene que el mercado laboral mundial está configurado por la contradicción capital-trabajo en una escala global, operando bajo dos fuerzas concurrentes. Primero, el desarrollo desigual establece una marcada jerarquía salarial geográfica que atrae mano de obra de todas las cualificaciones hacia los salarios nominalmente elevados del centro. Segundo, el capital implementa estrategias de importación y relocalización de fuerza de trabajo para acceder a las reservas laborales de menores costes de la periferia a fin de contrarrestar presiones salariales internas.

Sassen (2004, 2020) complementa este enfoque evidenciando que la penetración de corporaciones multinacionales y la aplicación de programas de ajuste estructural del FMI desarticulan los tejidos económicos locales en la periferia, tornando inhabitables determinados entornos socioeconómicos y forzando flujos transfronterizos en pos de la subsistencia. Asimismo, la relocalización manufacturera hacia el Sur global (maquiladoras) actúa como un mecanismo para mitigar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia de los monopolios del Norte, erosionando las dinámicas agrarias y locales y constituyendo una reserva de mano de obra migrante superexplotable (Villarespe, 1981; Crossa, 2016; Vidal, 2020). En síntesis, el expansionismo del capitalismo central incursiona en las economías periféricas, modificando las estructuras económicas locales y moldeando relaciones de subordinación en procura del propio crecimiento, a expensas de la desintegración de las dinámicas locales de vida material.

En la teoría económica ortodoxa se ha abordado tradicionalmente la migración de profesionales mediante la noción del brain drain o fuga de cerebros, vinculada a la teoría de capital humano de Gary Becker y Theodore Schultz, interpretándola como una búsqueda individual de optimización de ingresos frente a factores de expulsión locales como inestabilidad política o falta de crecimiento (Montuschi, 1999; Brandi, 2006; Johnson, 2008; Docquier, 2014). No obstante, este enfoque adolece de un sesgo individualista y ahistórico que invisibiliza los imperativos de reproducción del capital global.

Desde una postura crítica, los enfoques histórico-estructurales proponen una lectura del fenómeno atendiendo a los contextos en los cuales tienen lugar, proponiendo una interpretación del mismo como parte de un complejo sistema de relaciones sociales, históricas, económicas y políticas. Así, la teoría de los sistemas-mundo, por ejemplo, concibe la migración altamente capacitada como un proceso de atracción selectiva donde el capital prioriza la calidad del conocimiento técnico por encima de la cantidad (McLean, 1981). Al absorber estos contingentes, los países centrales agrandan la brecha científica y tecnológica respecto a la periferia, limitando el desarrollo interno de los países emisores. La reestructuración neoliberal, desde esta perspectiva, reconfiguró el mercado global laboral mediante políticas que facilitan la inserción selectiva de profesionales del Sur global en sectores estratégicos (como la salud, las finanzas o la innovación), bajo lógicas de diferenciación étnica, de género y estatus legal (Castles, 2013; Gandini, 2019).

Delgado Wise (2020) demuestra que los ecosistemas de innovación hegemónicos (por ejemplo, Silicon Valley en Estados Unidos) se reestructuraron mediante redes transnacionales que monopolizan patentes y mercantilizan el conocimiento socialmente producido. Estos satélites corporativos absorben fuerza laboral altamente calificada formada en áreas CTIM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) proveniente del Sur global (OIM, 2016; Delgado, 2020). Se institucionaliza de esta forma un intercambio desigual de nuevo tipo: los países de la periferia asumen los costos históricos de formación y reproducción de profesionales, mientras que las corporaciones imperialistas del centro se benefician de las capacidades de innovación tecnológica que poseen estos trabajadores migrantes.

La reestructuración neoliberal en República Dominicana

La reconfiguración del capitalismo dependiente dominicano tuvo su punto de quiebre en la década de 1980, periodo en el que colapsa finalmente el modelo de sustitución de importaciones (Santana, 1992; Ceara-Hatton, 2018a). Siguiendo las categorías históricas de Vania Bambirra (1974), República Dominicana se encuadraba dentro de los países de «Tipo B», caracterizados por una industrialización tardía de posguerra sustentada sobre una base económica primario-exportadora, donde el sector azucarero constituía el eje central de acumulación y la principal fuente de divisas nacionales (Ceara-Hatton, 2018b). Dicha especialización productiva vinculaba de manera estructural la estabilidad del Estado-nación a las fluctuaciones de precios internacionales y a las cuotas de importación dictadas por el mercado de los Estados Unidos (Wiarda y Kryzanek, 1992). El agotamiento del modelo de sustitución de importaciones coincidió con transformaciones en el mercado alimentario norteamericano, donde los subsidios estatales a la producción de maíz propiciaron la introducción del jarabe de maíz como sustituto de la caña en las industrias de bebidas y alimentos (Ceara-Hatton, 2018b). Como consecuencia directa, Estados Unidos redujo las importaciones de azúcar en 75%, hundiendo los precios internacionales por debajo de los costos de producción locales y comprometiendo la viabilidad económica del modelo agroexportador dominicano (Ceara-Hatton, 2018b).

Ante la imposibilidad de cumplir con el pago de la deuda externa en un contexto de crisis generalizada, los gobiernos dominicanos firmaron tres acuerdos sucesivos de ajuste con el Fondo Monetario Internacional (FMI) entre 1983 y 1986 (Ceara-Hatton, 1991). Las condiciones impuestas implicaron una devaluación monetaria drástica, disminución del gasto social per cápita en salud y educación, recesión inducida de la manufactura nacional y una pérdida sustancial del poder adquisitivo de las clases trabajadoras, desembocando en masivos estallidos de protesta social en 1984 (Ceara-Hatton, 1991; Espinal, 1995). Las reformas impulsaron de forma planificada la terciarización de la economía, reorientando el aparato productivo hacia el sector servicios, donde el turismo pasó a capturar la mayor proporción de los ingresos por exportación en 1990, relegando al azúcar a la marginalidad (Ceara-Hatton, 1991). El proceso se agudizó con los programas de privatización de las empresas públicas heredadas del aparato corporativo estatal trujillista y el capitalismo de Estado de las décadas previas (Veloz, 2000). El proceso de desplazamiento del azúcar y sus manufacturas a favor de una estrategia económica fundamentada principalmente en el turismo puede observarse detalladamente en la gráfica 1.

Gráfica 1
Principales productos de exportación de República Dominicana, 19811992 (millones de dólares)

Fuente: Reyes y Domínguez (1993), con datos del Centro Dominicano de Datos y Documentos.

Presentada por intelectuales conservadores como una reforma orientada a desmantelar el clientelismo burocrático y la dinamización de la economía dominicana (Wiarda y Kryzanek, 1992), la privatización transfirió activos estratégicos a conglomerados e inversionistas extranjeros directos, profundizando las relaciones de dependencia y reconfigurando la subordinación económica del país frente al capital internacional (Veloz, 2000).

El núcleo manufacturero del modelo neoliberal dominicano se construyó sobre el auge de las zonas francas industriales, estimuladas por ventajas impositivas excepcionales introducidas mediante la Ley 890 y disposiciones de la Junta Monetaria (Reyes y Domínguez, 1993). Dicho marco legal otorgó exenciones totales del impuesto sobre la renta, aranceles de importación de bienes de capital, insumos corporativos y transporte, configurando uno de los regímenes regulatorios más flexibles y atractivos de la región (Reyes y Domínguez, 1993).

Estructuralmente, estas corporaciones operaron bajo la propiedad de capital extranjero: hacia inicios de la década de 1990, de las 362 zonas francas registradas, sólo 20.54% correspondía a inversionistas dominicanos, mientras que Estados Unidos hegemonizaba 53.86% del stock de inversión, seguido de Corea del Sur (10.22%) y Taiwán (3.31%) (Reyes y Domínguez, 1993).

Las zonas francas se caracterizaron por un nulo eslabonamiento productivo con la economía nacional; para 1992, la industria nacional suplía apenas 2.5% de los insumos y materias primas demandados por estas plantas de ensamble, requiriendo la importación total del remanente (Reyes y Domínguez, 1993). En esencia, lo que estas corporaciones exportaban bajo la apariencia de manufacturas textiles o bienes físicos era la fuerza de trabajo incorpórea de los obreros dominicanos (Delgado, 2023).

A lo largo de las décadas de 1990 y 2000, la composición interna del valor exportado varió drásticamente en función de los regímenes regulatorios de los países centrales. Según los datos del Banco Central de la República Dominicana (2014), para 1996 las confecciones textiles representaban 56% de las exportaciones de las zonas francas. Esto coincide con la vigencia de ciertos mecanismos de incentivo, como el Acuerdo Multifibras (19741994).

Con la entrada en vigor del Acuerdo de Textiles y Vestidos (19952005), la liberalización mundial de cuotas desplazó la producción textil hacia competidores asiáticos y centroamericanos con menores costos, reduciendo la participación de las manufacturas en la estructura de las importaciones a 26% para 2012 (Banco Central de la República Dominicana, 2014). Para 2024, los productos de mayor peso relativo en la composición interna de las exportaciones son de carácter médico-farmacéutico (21.48%).1

La dependencia del modelo dominicano de las necesidades de las economías centrales, se refleja en su sensibilidad y vulnerabilidad frente a las contracciones de los centros hegemónicos, como ejemplifica la contracción de las exportaciones en 2009 derivada de la crisis inmobiliaria norteamericana o la caída del turismo en 2020 a raíz de la pandemia de covid-19 (véase gráfica 2).

Gráfica 2
Principales productos de exportación de República Dominicana, 19972024 (millones de dólares)

Fuente: Banco Central de la República Dominicana.

Degradación y precarización del mercado de trabajo interno

La desregulación laboral inherente a la reestructuración neoliberal degradó de forma sistemática la calidad del empleo nacional. Los estudios empíricos del mercado laboral de Santo Domingo a principios de la década de 1980 ya reportaban un crecimiento de la informalidad urbana, la cual aumentó de 27% en 1980 a 33% en 1983, constituyendo una expansión de la sobrepoblación relativa funcional a la disminución de los salarios reales (Duarte, 1983). La agudización de la crisis empujó a sectores de las capas medias urbanas y profesionales calificados a asumir la emigración internacional como estrategia de reproducción material (Báez y D’Oleo, 1985). La persistencia estructural de la informalidad laboral se evidencia al observar el comportamiento macroeconómico reciente (20152024), donde los índices de empleo informal permanecen estancados en torno a 50% de la fuerza de trabajo ocupada total (gráfica 3).

Gráfica 3
Sectores formal e informal del mercado de trabajo de República Dominicana, 20152024

Fuente: Banco Central de la República Dominicana.

Lejos de limitarse a los sectores del mercado laboral de baja instrucción, la precariedad permeó con fuerza a los segmentos profesionales con educación superior. En 2016, 8.6% del total de los trabajadores con nivel educativo universitario se insertaba en el sector informal, distribuyéndose de forma desigual por género: 5.8% para los hombres frente a un alarmante 15.7% para las mujeres (gráfica 4). Hacia el año 2022, la informalidad entre el personal calificado escaló a su punto máximo con una media de 12.6% (8.8% en hombres y 21.3% en mujeres), cerrando el ciclo en 2024 con 11.9% total (8.2% hombres y 20.5% mujeres).

Estas tendencias confirman las conclusiones del Índice de Calidad del Empleo (20162023), el cual evidencia que el mercado laboral dominicano tiende a la generación de puestos altamente precarizados, cuyos componentes más críticos radican en la privación de beneficios sociolaborales mínimos, jornadas desreguladas y exclusión de las redes formales de seguridad social (Gómez, Majluta y Blanco, 2024). Mientras que los funcionarios públicos y los trabajadores del sector privado formal se insertan en puestos relativamente menos precarios, los trabajadores independientes, entre otros, enfrentan mayores niveles de desprotección y vulnerabilidad ante la precariedad (Gómez, Majluta y Blanco, 2024). Aquellos profesionales de alta calificación que no logran ser absorbidos por el trabajo formal, padecen los reveces de la precariedad y desprotección de la informalidad, lo cual se constituye en un factor estructural de constante expulsión de este sector de la fuerza de trabajo dominicana hacia mercados laborales en el exterior.

Gráfica 4
Porcentaje de trabajadores con un nivel educativo superior en el sector informal por sexo, 20162024

Fuente: Banco Central de la República Dominicana.

Inserción laboral de la fuerza de trabajo dominicana altamente calificada en Estados Unidos

Si bien la literatura registra una presencia marginal de profesionales dominicanos en Estados Unidos desde la década de 1970, registrándose un contingente de 105 científicos e ingenieros en 1967, predominantemente concentrados en el sector médico y sanitario (67%) con fines de cobertura de demandas desatendidas por el mercado laboral nativo norteamericano (U.S. Congress, 1967; Lopes, 1970), el salto cualitativo y exponencial se materializó a partir de la década de 1990.

El análisis histórico basado en la Current Population Survey (CPS-ASEC, 19942024) documenta la consolidación de este flujo migratorio altamente calificado como un fenómeno estructural de gran envergadura (gráfica 5). El volumen de inmigrantes dominicanos con estudios de licenciatura en territorio estadounidense se multiplicó más de diez veces a lo largo del periodo, pasando de 20 mil 470 individuos en 1994 a un pico de 223 mil 75 en 2022, estabilizándose en 177 mil 568 hacia el año 2024.

Gráfica 5
Inmigrantes de 22 años o más de República Dominicana en Estados Unidos por nivel de escolaridad superior, 19942024 (miles)

Fuente: estimaciones con base en Current Population Survey (cps-asec), 19942024.

Por su parte, el segmento de profesionales con grado de maestría registró una tasa de crecimiento anual promedio de 24%, expandiéndose de un stock de 6 mil 692 en 1994 a un volumen consolidado de 61 mil 666 profesionales en 2024. Los registros de doctores (Ph.D.), prácticamente marginales y cercanos a cero durante la década de 1990, iniciaron un ascenso progresivo a partir de 2000, anotando un volumen significativo de 7 mil 511 doctores en 2006 y alcanzando un techo de 14 mil 645 en 2016, manteniendo una oscilación volátil entre 5 mil y 10 mil profesionales en el último quinquenio.

Inserción por áreas de conocimiento y género

La distribución sectorial de los profesionales dominicanos en Estados Unidos según la American Community Survey (2023) refleja procesos de absorción diferenciados por género y área del saber. Según los datos compilados en Gaspar Olvera y Delgado Wise (2024) y reproducidos en el cuadro 1, 21.7% de los inmigrantes dominicanos con educación superior se concentra de forma directa en las disciplinas estratégicas CTIM.

Al analizar la desagregación por sexo, se evidencia una fuerte asimetría de género: mientras que 38.5% de los hombres graduados se ubica en ramas CTIM, sólo 11.6% de las mujeres calificadas se especializa en esas áreas. Si se incorporan al análisis las Ciencias de la Salud y la Medicina, el bloque científico-técnico concentra a 30.7% del total de la diáspora universitaria (43.2% de los hombres y 23.1% de las mujeres).

Cuadro 1
Inmigrantes nacidos en República Dominicana con estudios superiores por área de conocimiento, 2023

Fuente: estimación con base en Bureau Census, American Community Survey (ACS).

El segmento mayoritario de la fuerza laboral calificada dominicana se agrupa en torno a las disciplinas de Administración de negocios y finanzas, capturando 29.8% del stock total. En este sector, la representación femenina supera a la masculina, concentrando a 31.6% de las mujeres frente a 26.9% de los hombres. Asimismo, en el resto de las áreas, a excepción de las artes y humanidades, las mujeres tienden a estar más representadas que los hombres.

Estatus de ocupación y estructura institucional de inserción

Los datos empíricos de 2023 permiten apreciar que la diáspora dominicana calificada participa activamente en el mercado laboral estadounidense. Según datos de la ACS, 76% de los inmigrantes dominicanos con educación superior en Estados Unidos se encuentra activamente incorporados al mercado laboral en calidad de población ocupada formal. Sólo 3% se registra bajo la categoría de desempleo abierto, mientras que 21% restante se cataloga como fuera de la fuerza de trabajo laboral, condición vinculada a procesos de especialización académica, jubilación o dedicación exclusiva a las economías del cuidado doméstico no remunerado.

En lo relativo a la estructura institucional del empleo, el sector privado se erige como el principal empleador de estos trabajadores, capturando a 46% del personal dominicano altamente calificado. En segundo orden de importancia se sitúan las burocracias de los gobiernos locales de los estados receptores, las cuales emplean a 14% de esta cohorte profesional. Las organizaciones y asociaciones sin fines de lucro asumen un peso relativo de 12% en la composición del empleo formal, mientras que las agencias de los gobiernos estatales y del gobierno federal absorben apenas 4% y 3% de los profesionales, respectivamente.

Finalmente, 8% opera bajo la modalidad de trabajo independiente, subdividido en un segmento incorporado formalmente y 4% de profesionales independientes no incorporados que enfrentan condiciones de mayor vulnerabilidad y desprotección frente a los sistemas regulatorios de seguridad social estadounidenses.

A modo de conclusión

La contrastación empírica y el análisis de los datos desde una perspectiva histórico-estructural permiten corroborar formalmente la hipótesis científica de esta investigación: la exportación directa de fuerza de trabajo dominicana altamente calificada hacia Estados Unidos se encuentra en estrecha vinculación con el modelo de acumulación neoliberal implantado en el país a partir de la década de 1980 y es funcional al sostenimiento de la lógica de acumulación capitalista de los centros hegemónicos de la economía mundial. La reestructuración económica tutelada por los programas de ajuste del FMI desarticuló las bases productivas tradicionales de la nación sin construir un mercado laboral formal capaz de absorber y remunerar dignamente a las cohortes profesionales formadas en los centros universitarios locales. La informalidad y la precarización laboral, exacerbadas por las dinámicas del capitalismo dependiente dominicano operan como mecanismos estructurales de expulsión, transformando la migración internacional, desde el punto de vista del trabajador, en una estrategia de supervivencia material para las capas medias y profesionales.

Esta expulsión no representa una simple e individual «fuga de cerebros», sino un sofisticado mecanismo contemporáneo de intercambio desigual y transferencia neta de valor desde la periferia subordinada hacia el centro imperialista hegemónico. República Dominicana asume la totalidad de la carga presupuestaria que reviste la reproducción y cualificación técnica de su población; sin embargo, las potencialidades creativas derivadas de esa cualificación, la capacidad innovadora y las patentes tecnológicas derivadas de la aplicación de este conocimiento son monopolizadas de forma privada por las corporaciones del mercado central estadounidense.

La aludida dinámica de extracción de valor debilita el tejido técnico interno de la periferia, castrando las posibilidades históricas de articular un desarrollo industrial autónomo, endógeno y denso en tecnología, condenando a la nación emisora a la esterilidad de su especialización, relegada a servicios de bajo valor añadido. La superación de este drenaje estructural de capacidades críticas va más allá de soluciones superficiales o paliativas basadas exclusivamente en redes de remesas o vinculaciones culturales de la diáspora. Exige un cuestionamiento radical del modelo de acumulación neoliberal y la formulación de un proyecto histórico de nación alternativo que priorice la soberanía productiva, la inversión masiva en ciencia, tecnología e investigación endógena, y la planificación de mercados de empleo formal y digno que transformen la migración transfronteriza en un acto de libre opción humana y no en un imperativo de supervivencia dictado por la exclusión del capital global.

Referencias

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Notas

1 Datos del Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación, accesibles a través del siguiente enlace: https://cnzfe.gob.do/datos-estadisticos

 

 

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