Migración y Desarrollo, volumen 23, número 44, primer semestre 2025, es una publicación semestral editada por la Universidad Autónoma de Zacatecas «Francisco García Salinas», a través de la Unidad Académica de Estudios del Desarrollo, Jardín Juárez 147, colonia Centro, Zacatecas, C.P. 98000, Tel. (01492) 922 91 09, www.uaz.edu.mx, www.estudiosdeldesarrollo.net, revistamyd@estudiosdeldesarrollo.net. Editor responsable: Raúl Delgado Wise. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo Vía Red Cómputo No. 04-2015-060212200400-203. ISSN: 2448-7783, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de última actualización: Unidad Académica de Estudios del Desarrollo, Maximino Gerardo Luna Estrada, Campus Universitario II, avenida Preparatoria s/n, fraccionamiento Progreso, Zacatecas, C.P. 98065. Fecha de la última modificación, julio de 2025.
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Migración forzada, transferencia de excedentes e «industria de la migración» en el capitalismo contemporáneo: un análisis desde la economía política marxista
Forced migration, surplus transfer, and the «migration industry» in contemporary capitalism: an analysis from a Marxist political economy perspective
Recibido 03/10/24 | Aceptado 23/span>/10/24
Raúl Delgado Wise*
*Mexicano. Investigador emérito, Unidad Académica en Estudios del Desarrollo, Universidad Autónoma de Zacatecas. Correo-e: rdwise@uaz.edu.mx
Resumen. El panorama actual de la migración internacional se compone de infraestructuras, instituciones, agentes y empresas renovados, en los que destacan las grandes corporaciones multinacionales que, en connivencia con las principales potencias imperialistas, desempeñan un papel estratégico. Esta nueva configuración, asociada a la denominada «industria de la migración», se inscribe en el contexto de nuevas y severas modalidades de intercambio desigual y transferencia de excedentes en dirección Sur-Norte. Para los fines analíticos del presente artículo, se aborda el caso paradigmático de la migración México-Estados Unidos con el propósito de trazar un mapa del negocio contemporáneo de la migración internacional, en el que se identificarán los principales agentes e instituciones involucrados, junto con su importancia relativa en términos de la transferencia de excedentes. El análisis concluye con una reflexión crítica, desde la perspectiva de la economía política marxista, sobre el concepto de «industria de la migración», así como de las formas de plusvalía y de transferencia de excedentes implicadas.
Palabras clave: migración, desarrollo, industria de la migración, transferencia de excedentes, economía política.
Abstract. The current landscape of international migration comprises renewed infrastructures, institutions, agents and companies, the most notable of which are large multinational corporations. In collusion with the main imperialist powers, these corporations play a strategic role. This new configuration, associated with the so-called ‘migration industry’, forms part of a context of new and severe modalities of unequal exchange and South-North surplus transfer. For analytical purposes, this essay takes the migration between Mexico and the United States as a paradigmatic case to map the contemporary business of international migration. It identifies the main actors and institutions involved and their relative importance in terms of surplus transfers. Our analysis concludes with a critical reflection on the concept of the ‘migration industry’ and the forms of surplus value and surplus transfer involved, from the perspective of Marxist political economy.
Keywords: migration, development, migration industry, transfer of surpluses, political economy.
El panorama actual de la migración internacional se caracteriza por una infraestructura de gobernanza global compuesta por un conjunto de instituciones y organismos en los que las corporaciones multinacionales, en mancuerna con las principales potencias imperialistas, desempeñan un papel estratégico. Esta nueva configuración del poder global, asociada a la denominada «industria de la migración», se vincula estrechamente con las nuevas dinámicas de intercambio desigual y transferencia de excedentes entre el centro y la periferia del sistema capitalista mundial que distinguen al capitalismo contemporáneo. Así, el objetivo del artículo es examinar este complejo escenario desde la perspectiva de la economía política marxista.
En la primera sección se esbozan los pilares de lo que se concibe como una teoría marxista de la migración internacional. A continuación, se analiza el nuevo panorama de la migración internacional engendrado por la reestructuración neoliberal, con énfasis en las nuevas dinámicas de intercambio desigual que se desarrollan en ese contexto. Para ello, se introduce el concepto de exportación de fuerza de trabajo, de baja o relativamente baja calificación y de alta calificación, con miras a reconstruir la relación dialéctica entre el proceso migratorio y las actividades intensivas en conocimiento y en fuerza de trabajo que se despliegan en el horizonte Norte-Sur. Después, se ofrece un breve análisis y una determinación de las transferencias de excedentes que se generan en este complejo escenario y cuyo referente es el caso paradigmático de la migración México-Estados Unidos. Finalmente, se reflexiona acerca del nuevo contexto abierto a la llamada «industria de la migración», además de hacer hincapié en las implicaciones de la ofensiva neoliberal, tanto en términos de la creciente presión migratoria que sufre la clase trabajadora de los países periféricos, como de las medidas selectivas y cada vez más restrictivas adoptadas por los gobiernos en los países de tránsito y de destino.
Dentro de ese intrincado escenario, no sólo la fuerza de trabajo, sino los propios migrantes se transforman en una mercancía lucrativa para los agentes financieros, inmobiliarios, de transporte, de comunicación y de gestión, formales e informales. Ello incluye una creciente presencia del crimen organizado, o lo que podría describirse como capital criminal (Márquez, 2022). El corredor migratorio México-Estados Unidos ilustra tal fenómeno. El análisis concluye con una evaluación crítica de la economía política de la migración internacional desde una perspectiva marxista.
Fundamentos de un enfoque marxista de la economía política de la migración y el desarrollo
Dos categorías analíticas postuladas por Karl Marx en su obra cumbre, El capital, al nivel más elevado de abstracción —i. e. el capital en general— proporcionan una base sólida para abordar la cuestión de la migración. La primera, la acumulación primitiva, alude a la separación de los productores directos de sus medios de producción y subsistencia en los orígenes del capitalismo. Dicha separación convirtió a los productores directos en trabajadores «libres» o proletarios, disponibles para ser contratados por los dueños de los medios de producción. El proletariado, desposeído de todo medio de producción, es obligado a intercambiar la única mercancía que posee —su fuerza de trabajo— por un salario, en una relación de intercambio desigual con el capitalista al cederle parte del valor que genera en el proceso productivo, la plusvalía (Marx, 2009). Entonces, la destrucción de las formas y relaciones de producción precapitalistas en la etapa embrionaria del capitalismo fue un proceso violento que posibilitó el abastecimiento de fuerza de trabajo para el capital. En esas circunstancias, la migración emerge como un fenómeno asociado a la expropiación y proletarización del campesinado y la explotación del trabajador «libre» (Meillassoux, 1981).
Marx conceptualiza la separación de los productores directos de sus medios de producción y subsistencia como el primer paso en la disolución de la propiedad privada basada en el trabajo de su propietario, la expropiación de los productores directos y su conversión en trabajadores nominalmente libres y susceptibles de ser explotados en el proceso de gestación del modo de producción capitalista. Sin embargo, generaciones posteriores de académicos marxistas han planteado que la desposesión de los productores directos no es sólo una condición asociada a los orígenes del capitalismo, sino que compete a cada fase del desarrollo capitalista de las fuerzas productivas. David Harvey (2003), por ejemplo, explora el proceso de «acumulación primitiva» en la era neoliberal del desarrollo capitalista —es decir, a partir de la década de 1980, en el contexto del «nuevo orden mundial» del capitalismo de libre mercado— en términos del concepto de «acumulación por desposesión». En su opinión, la acumulación por desposesión implica la mercantilización de los recursos públicos, el desmantelamiento progresivo del Estado de bienestar y un ataque concertado en contra de las condiciones laborales de la clase trabajadora. Ese proceso ha llevado a crecientes segmentos de la población mundial al desempleo, al impulsar un crecimiento sin precedentes de la economía informal y catapultar un incremento en el volumen y la diversidad de las modalidades de migración forzada (Delgado y Márquez, 2009).
La segunda categoría clave postulada por Marx para incursionar en el análisis de la migración se refiere a la formación de un ejército laboral de reserva por y para el capital, en tanto condición fundamental del progreso capitalista. Al desarrollar las fuerzas productivas y crear su propio modo técnico de producción (con la separación plena del trabajador de sus medios de producción y el surgimiento de la gran industria), el crecimiento del capital deja de depender del crecimiento poblacional. Entonces, el capital genera su propia dinámica demográfica. Al contrario de lo que sostenía Thomas Robert Malthus —un firme defensor de los intereses de la aristocracia terrateniente—, Marx argumentaba que no es el tamaño de la población lo que determina el crecimiento económico y la riqueza, sino que la propia dinámica de la acumulación capitalista tiende a generar un exceso de oferta de fuerza de trabajo siempre superior a la demanda real. Al crear una población redundante o excedentaria, el capital se asegura permanentemente el acceso a fuerza de trabajo explotable más allá de la dinámica de reproducción demográfica. Esta es, según Marx (2009), la ley de la población inherente al modo de producción capitalista.
Esa ley, a su vez, forma parte de la ley general de la acumulación capitalista postulada por Marx en el capítulo XXV del primer volumen de El capital, en la cual se sintetizan las principales contradicciones del proceso de acumulación capitalista. Al respecto, al referirse a una etapa avanzada del desarrollo de las fuerzas productivas, explica:
Cuanto mayores sean la riqueza social, el capital en funciones, el volumen y vigor de su crecimiento y, por tanto, también, la magnitud absoluta de la población obrera y la fuerza productiva de su trabajo, tanto mayor será la pluspoblación relativa o ejército industrial de reserva. La fuerza de trabajo disponible se desarrolla por las mismas causas que la fuerza expansiva del capital. La magnitud proporcional del ejército industrial de reserva, pues, se acrecienta a la par de las potencias de la riqueza. Pero cuanto mayor sea este ejército de reserva en proporción al ejército obrero activo, tanto mayor será la masa de la pluspoblación consolidada o las capas obreras cuya miseria está en razón inversa a la tortura de su trabajo. Cuanto mayores sean, finalmente, las capas de la clase obrera formadas por menesterosos enfermizos y el ejército industrial de reserva, tanto mayor será el pauperismo oficial. Esta es la ley general, absoluta, de la acumulación capitalista (Marx, 2009:803).
Al abordar el fenómeno de la migración internacional es necesario pasar a un nivel inferior de abstracción y considerar las relaciones geográficas asimétricas que caracterizan a los procesos de acumulación de capital a escala mundial. Las diferencias estructurales en las dinámicas de acumulación entre regiones, naciones y áreas dentro de las naciones propician un modus operandi desigual y contrastante de la ley general de acumulación capitalista. Si bien en el nivel general esta ley se manifiesta a plenitud, a escala nacional y regional exhibe rasgos diferenciados y contrastantes. Mientras que en los países y regiones que concentran y centralizan el capital y la riqueza las dimensiones del ejército laboral de reserva tienden a ser relativamente reducidas, en los países y regiones con menor capacidad de acumulación, sus dimensiones tienden a desbordarse y exhibir una sobrepoblación ampliada. Ante esas circunstancias —de índole estructural—, la migración actúa como un mecanismo compensatorio.
Asimismo, al final del capítulo XXV, Marx ofrece valiosas reflexiones sobre la cuestión de la migración a través del caso irlandés, e incluso propone la configuración de una «sobrepoblación absoluta»:
Se despliega aquí bajo nuestros propios ojos, en gran escala, un proceso tan hermoso que la economía ortodoxa no podría desear que lo fuera más para demostrar su dogma según el cual la miseria es el resultado de la sobrepoblación absoluta y el equilibrio se restablece gracias a la despoblación. (…) El genio irlandés inventó un método totalmente para proyectar a un pueblo indigente, como por arte de encantamiento, a miles de millas de distancia del escenario de su miseria. Los emigrantes arraigados en Estados Unidos envían anualmente sumas de dinero a casa, medios que posibilitan el viaje de los rezagados. Cada tropel que emigra este año atrae el próximo año otro tropel de emigrantes, arrastra tras de sí a otra al año siguiente. En vez de costarle algo a Irlanda, la emigración constituye uno de los ramos más proficuos de sus negocios de exportación (Marx, 2011:880–881).
En este punto, más allá de la abstracción en la que se desarrolla el primer tomo de El capital, es importante subrayar que Marx aprecia la lógica de la migración para un país relativamente subdesarrollado o periférico: Irlanda, donde existe, como él lo aprecia, una sobrepoblación absoluta. Considera la migración como una actividad de exportación y la vincula con la reproducción transnacional del ejército laboral de reserva. Este caso ilustra la existencia de zonas que funcionan como reservas de fuerza de trabajo y que a menudo experimentan dinámicas migratorias agudas, en especial en zonas y naciones subdesarrolladas o periféricas. La migración laboral internacional no sólo pone de relieve la naturaleza de la relación capital/trabajo en el ámbito de la acumulación de capital a escala mundial, sino que contribuye a explicar la sujeción o sometimiento de la población excedentaria a condiciones de explotación extrema o superexplotación laboral y exclusión social, al amparo de una creciente transnacionalización, diferenciación y precarización de los mercados laborales. Por ende, la migración laboral contribuye a la reproducción transnacional del ejército laboral de reserva a través de las remesas enviadas a los países de origen de los migrantes; cuestión que no sólo desmitifica la función estratégica de las remesas, sino que revela su verdadera función: servir como medio para reducir el costo de reproducción de la fuerza de trabajo y garantizar su suministro de acuerdo con las necesidades de las grandes potencias imperialistas (Delgado, Caballero y Gaspar, 2022).
Queda claro, por tanto, que en aras de profundizar en el análisis de la migración contemporánea es indispensable ascender del nivel de abstracción correspondiente al capital en general, para incursionar en otro nivel de análisis previsto en los planes de trabajo esbozados por Marx en los Grundrisse y que desafortunadamente no pudo abordar, de forma sistemática, a lo largo de su vida: la configuración del mercado capitalista mundial (Rosdolsky, 1978:49). Dicha tarea fue asumida por vez primera por los clásicos de la teoría marxista del imperialismo, entre ellos Vladímir Ilich Lenin, Rudolph Hilferding y Rosa Luxemburgo, y luego, expuesta en el marco de las relaciones centro/periferia, por Ruy Mauro Marini, Theotonio dos Santos y Vania Bambirra, dentro de lo que se conoce como teoría marxista de la dependencia. Lo que esta última se propuso, en sintonía con el pensamiento crítico latinoamericano y de otras latitudes, fue ir un paso más allá en el desarrollo de la teoría del imperialismo (Emmanuel, 1972; Amin, 2014; Ricci, 2018; Delgado, 2022), con miras a desvelar la forma particular en la que se estructura el capitalismo en la periferia del sistema capitalista mundial y la manera en que se articula, mediante relaciones de intercambio desigual y transferencia de excedentes, con la dinámica de acumulación en el centro, en el ámbito de la configuración y evolución de la división internacional del trabajo. Al respecto, Marini (1973) en su análisis de la especificidad del circuito del capital que distingue a las economías periféricas, concluye que la superexplotación laboral se erige como rasgo inherente y piso estructural del capitalismo periférico o dependiente. Añade que las necesidades del capital en los países periféricos, para revertir su posición desventajosa en el mercado mundial, los obligan a recurrir a otro modo de incrementar el tiempo de trabajo excedente: la compra de la fuerza de trabajo por debajo de su valor. Tal fenómeno se basa en la reducción del consumo del trabajador por encima de su límite normal, lo que transforma parte del fondo de plusvalor requerido en la reproducción de la familia trabajadora en un fondo de plusvalor para la acumulación de capital. En su reconocida obra, Dialéctica de la dependencia, Marini (1973:72–73) plantea:
Ahora bien, lo que se pretende demostrar en mi ensayo es, primero, que la producción capitalista, al desarrollar la fuerza productiva del trabajo no suprime, sino acentúa la mayor explotación del trabajador, y segundo, que las combinaciones de formas de explotación capitalista se llevan a cabo de manera desigual en el conjunto del sistema, engendrando formaciones sociales distintas según el predominio de una forma determinada.
Cabe precisar que el desarrollo del capitalismo en la periferia es un proceso histórico que nace con el advenimiento mismo del capitalismo. Desde sus orígenes, se ha vinculado, en un primer momento, a la dominación colonial con relaciones de saqueo y, posteriormente, a la dominación imperialista por medio de múltiples y renovadas relaciones de intercambio desigual. La teoría marxista de la dependencia se fortaleció en un contexto histórico marcado por el fracaso de la estrategia de sustitución de importaciones como vía de industrialización en América Latina. El advenimiento del neoliberalismo como nueva estrategia de dominación imperialista ha dado paso a nuevas y severas modalidades de intercambio desigual, que a su vez presentan nuevos y formidables desafíos en el análisis de la migración contemporánea y su nexo con el desarrollo.
El intercambio desigual y la exportación de la fuerza de trabajo en la era neoliberal
Como aspecto inherente a la implantación del neoliberalismo en América Latina y otras regiones del sistema capitalista mundial, a finales de la década de 1970, las grandes corporaciones multinacionales iniciaron un proceso de reestructuración destinado a relocalizar parte de sus procesos productivos, comerciales y de servicios, en zonas periféricas, en busca de fuerza de trabajo barata y flexible, y de recursos naturales. Se trata, en esencia, de un nuevo «nomadismo» en el sistema global de producción, intercambio y distribución, sustentado en: a) los enormes diferenciales salariales que existen y se reproducen en el horizonte Norte-Sur, i. e. el denominado arbitraje laboral global (Foster et al., 2011a); y b) la apropiación de rentas del suelo de los países periféricos mediante lo que se ha conceptualizado como una nueva y renovada tendencia al extractivismo, impulsada por el auge de las materias primas (Veltmeyer y Ezquerro-Cañete, 2023).
Esto ha dado lugar a la configuración de cadenas globales de valor, o mejor aún, redes globales de capital monopolista, a través de la instauración de plataformas de exportación que operan como economías de enclave en los países periféricos (Delgado y Martin, 2015). Ese viraje estratégico en la organización de la producción manufacturera ha sido a todas luces espectacular: «Las 100 mayores corporaciones globales han desplazado su producción en forma más decisiva hacia sus filiales extranjeras [principalmente en el Sur], en que ahora se encuentran cerca de 60% del total de sus bienes y de sus empleados y más de 60% de sus ventas a nivel global» (UNCTAD, 2010). En similar tenor, se estima que en la periferia hay alrededor de 100 millones de trabajadores directamente empleados en plantas de ensamble establecidas en más de 5 mil 400 zonas de procesamiento que operan en al menos 147 países (UNCTAD, 2020). Dicha situación ha transformado de modo significativo la geografía global de la producción, a grado tal que en la actualidad la mayor parte del empleo industrial (más de 70%) se localiza en países periféricos (Foster et al., 2011b).
Cabe advertir que este fenómeno no implica una industrialización de la periferia, sino un proceso doblemente regresivo que he conceptualizado como subprimarización económica. Lejos de avanzar hacia una plataforma de exportación de manufacturas, lo que en realidad exportan los países periféricos, bajo la apariencia de productos manufacturados, es fuerza de trabajo sin que ésta salga del país. En otras palabras, al reconocer que las plantas de ensamblaje instaladas en los países periféricos funcionan con insumos importados y regímenes de exención tributaria, queda claro que la sustancia de los bienes manufacturados exportados sea, en esencia, la fuerza de trabajo incorporada en el proceso productivo. De ahí que se trate de una exportación indirecta o incorpórea de fuerza de trabajo, disfrazada de una exportación de productos manufacturados (Cypher y Delgado, 2010; Márquez y Delgado, 2012).
Cuatro consideraciones vinculadas con la emergencia e implicaciones de esta peculiar modalidad exportadora resultan relevantes para los fines analíticos del presente estudio. La primera se refiere a la implantación —por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI)— de los programas de ajuste estructural como pilares del proceso de reestructuración neoliberal, cuyo objetivo ha sido el desmantelamiento y desarticulación del aparato productivo de los países periféricos con el propósito de rearticularlo, de manera asimétrica y subordinada, a las dinámicas de acumulación impulsadas por las principales potencias imperialistas, bajo el comando de las grandes corporaciones multinacionales.
La segunda consideración es que a consecuencia de dicho viraje estratégico los mercados laborales de los países periféricos se redujeron y precarizaron sustancialmente para dar paso a lo que algunos analistas (Standing, 2011; Sotelo, 2015) caracterizan como un semiproletariado o «precariado» periurbano, que incluye a una población excedentaria arrojada a las filas de la informalidad o forzada a emigrar en dirección Sur-Norte. La exportación directa de fuerza de trabajo por la vía de la migración laboral internacional es sometida a condiciones de extrema vulnerabilidad. Tómese en consideración que, dentro de la égida neoliberal, se liberaliza el comercio de todas las mercancías, excepto la fuerza de trabajo. Ello da lugar a una creciente masa de migración «ilegal» que, independientemente de la demanda del mercado laboral, es sometida a condiciones de superexplotación, discriminación y xenofobia; coyuntura que no sólo obnubila los importantes aportes que los migrantes hacen a las economías y sociedades de destino, sino que contribuye a criminalizarlos y convertirlos en «enemigos públicos».
Es pertintente agregar que la fuerza de trabajo de los emigrantes no crece por generación espontánea, ni es educada de modo gratuito, más allá de su nivel de estudios; sus costos de reproducción social, educación y capacitación son asumidos por las familias del emigrante y el fondo de plusvalor social administrado por el Estado en el país de origen. Al comparársele con las remesas, los costos suelen ser bastante más onerosos para el país de origen, lo que implica que, al contrario de lo que pregona el discurso hegemónico, las remesas no representan un subsidio Norte-Sur, sino exactamente lo contrario: un subsidio Sur-Norte (Delgado y Gaspar, 2018).
La tercera consideración alude al surgimiento de una tendencia renovada hacia el extractivismo y el acaparamiento de tierras, impulsada por el consumo excesivo de los recursos naturales a escala mundial, la expansión de la agroindustria multinacional y el capital extractivo en la minería. Esa tendencia está arraigada en la actual crisis ecológica (Foster, Clark y York, 2010) y ha acentuado la dinámica de acumulación por desposesión en las economías periféricas, lo que agudiza las presiones migratorias internas e internacionales. Es importante destacar que el extractivismo no implica una vía progresista de desarrollo de las fuerzas productivas, sino una ruta marcada por un cambio en la fuente primaria de las ganancias extraordinarias del capital monopolista, que se dirige hacia nuevas maneras indirectas de apropiación rentista (Delgado, 2000). Es decir, el capital monopolista se convierte cada vez más en un ente parasitario, al seguir el concepto marxista de renta, como expresión de la fase decadente del desarrollo capitalista inaugurada por la reestructuración neoliberal. Se trata de una cuestión fundamental que pone de manifiesto el agravamiento de la contradicción entre valor de uso y valor en el capitalismo contemporáneo.
Por último, la cuarta consideración expresa que, además de la exportación directa de fuerza de trabajo, su forma indirecta o incorpórea de exportación profundiza las relaciones de intercambio desigual entre el centro y la periferia del sistema capitalista mundial, en virtud de que a través de las plantas de ensamble —la mayoría sometida a arreglos de comercio intrafirma y subcontratación— lo que en realidad se transfiere al exterior son las ganancias generadas en el proceso productivo, es decir, el stock de plusvalía incorporado al bien exportado. Por tanto, constituye una modalidad de intercambio desigual que a escala internacional semeja —como se apuntó antes en referencia a la exportación indirecta o incorpórea de fuerza de trabajo— el intercambio que se produce entre trabajo y capital al seno del proceso productivo. Es difícil imaginar una modalidad de intercambio desigual más lacerante, con el agravante de que lo que se queda en el país de origen son ingresos salariales muy inferiores a los que se pagarían en el país de destino.
En efecto, uno de los rasgos más conspicuos del nexo entre migración y desarrollo en el capitalismo e imperialismo contemporáneos es la emergencia de una nueva división internacional del trabajo basada en la exportación directa e indirecta o incorpórea de fuerza de trabajo, que en un inicio se nutre de fuerza de trabajo de baja o relativamente baja calificación.
Una nueva tendencia en las relaciones Sur-Norte: la exportación de fuerza de trabajo calificada y altamente calificada
Con el avance y profundización de la división internacional del trabajo entre actividades intensivas en conocimiento y actividades intensivas en fuerza de trabajo, la exportación de fuerza de trabajo adquiere su más amplia connotación gracias a la incorporación de fuerza de trabajo calificada y altamente calificada. Esta evolución es un fenómeno reciente asociado al profundo proceso de reestructuración que experimentan los ecosistemas de innovación.
A fin de avanzar en esta perspectiva resulta indispensable penetrar en las características del ecosistema de innovación más avanzado en la actualidad: aquel hegemonizado por Estados Unidos y georreferenciado en Silicon Valley. Se trata, en esencia, de una poderosa máquina de patentamiento con articulaciones en varios países periféricos y emergentes. La manera de organización del general intellect o intelecto colectivo —concepto acuñado por Marx para enfatizar el carácter social del conocimiento acumulado— que se realiza en dicho ecosistema posibilita poner a disposición de las grandes corporaciones multinacionales la capacidad científica y tecnológica de una impresionante y creciente masa de trabajadores calificados y altamente calificados provenientes o formados en diferentes países del mundo, del centro y de la periferia del sistema. En esa compleja trama intervienen e interactúan numerosos agentes e instituciones que aceleran los ritmos de patentamiento y reducen los costos y riesgos asociados a la invención (Delgado, 2015; Delgado y Chávez, 2016; Míguez, 2013).
Entre los rasgos que distinguen al ecosistema de innovación de Silicon Valley sobresalen los siguientes (Delgado y Crossa, 2023):
- Internacionalización y fragmentación de las actividades de investigación y desarrollo, con la creciente participación de innovadores independientes a través de startups.
- Creación de ciudades científicas como ecosistemas en los que se incuban sinergias colectivas que aceleran y expanden las dinámicas de innovación. Comprende un nuevo paradigma georreferenciado, que se aparta de los viejos modelos de investigación y desarrollo, y que abre el camino hacia una nueva cultura de la innovación sustentada en la flexibilidad, la descentralización y la incorporación, en diferentes modalidades, de nuevos y cada vez más numerosos jugadores que interactúan simultáneamente en espacios locales y transnacionales.
- Aparición de nuevas formas de control de las agendas de investigación y apropiación de los productos del trabajo científico por medio de las patentes.
- Expansión de la fuerza de trabajo en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) a lo largo del horizonte Sur-Norte, al servicio de la innovación imperial.
- Creación de un marco institucional internacional ad hoc orientado a la concentración y apropiación de los productos del intelecto colectivo mediante la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual y la Organización Mundial del Comercio.
No es difícil percatarse de que la nueva dinámica de innovación liderada por las grandes potencias imperialistas, con Estados Unidos a la cabeza, sigue una lógica extractiva/rentista dirigida a apropiarse de los productos del general intellect con la adquisición y concentración de patentes. En ese nuevo andamiaje, la tasa de patentes extranjeras en Estados Unidos pasó de 18% en 1963 a 53.1% en 2019 (US Patent and Trademark Office, 2022). El incremento ha sido facilitado por el papel desempeñado por la política pública estadounidense en la perspectiva de mantener, fortalecer y profundizar su liderazgo científico y tecnológico a escala mundial. Así, junto con el impresionante apoyo en términos de inversión pública en ciencia básica y aplicada —equivalente a 3.07% del PIB en 2019 (Boroush, 2021)— el gobierno de Estados Unidos se ha reconocido, en especial desde los 1990, por desplegar una agresiva política de atracción de talento extranjero promovida por la National Science Foundation, acompañada de un vigoroso fomento de una política de inmigración altamente selectiva. Por ende, no es casual que la migración calificada y altamente calificada dirigida a ese país haya crecido a un ritmo más de dos veces superior al de la migración general. Ello, a su vez, ha dado lugar a una nueva y vigorosa tendencia de migración calificada y altamente calificada proveniente de países periféricos o emergentes.
Tal tendencia aporta a la profundización y ampliación de las dinámicas de intercambio desigual en el horizonte Norte-Sur o centro-periferia. Además de las ya expuestas, derivadas de la división del trabajo entre actividades intensivas en conocimiento y actividades intensivas en fuerza de trabajo, surge un fenómeno doble. Por un lado, el establecimiento de los llamados «Silicon Valley» en países periféricos y emergentes, que he caracterizado como maquiladoras científico-tecnológicas (Delgado y Crossa, 2023), las cuales operan al servicio de los intereses corporativos de las grandes potencias imperialistas. Con éstas se reducen los costos de la fuerza de trabajo calificada y altamente calificada, empleada directa o indirectamente, y se transfieren los privilegios asociados, en términos de liderazgo científico y tecnológico, así como de apropiación de ganancias extraordinarias en la modalidad de rentas tecnológicas. Por otro lado, gracias a la migración altamente calificada se transfieren los costos educativos y de reproducción social de la fuerza de trabajo involucrada, lo que, en muchos casos, incluye subvenciones a universidades y centros de investigación en los países de destino.
La exportación de fuerza de trabajo y la aparición de nuevas modalidades de transferencia de excedentes en dirección Sur-Norte
La categoría analítica de exportación de fuerza de trabajo esbozada en las secciones previas revela la dinámica ampliada del intercambio desigual en el que se inscribe la migración contemporánea. Además del intercambio desigual que ha determinado históricamente las relaciones Norte-Sur, respaldadas por el intercambio de productos primarios por industrializados, se implanta una nueva modalidad de intercambio desigual con las maquiladoras o plantas de ensamble: la exportación indirecta o incorpórea de fuerza de trabajo. Por esta vía —como ya se apuntó—, las ganancias netas generadas en el país de origen son transferidas al extranjero.
Tomando como referente el caso de México, es imprescindible acotar que sólo en el sector automotor, en esencia orientado hacia el exterior (véase la figura 1), se generó en 2022 un superávit en la balanza comercial de 98 mil 667 millones de dólares estadounidenses (INEGI, 2023).
En virtud de que las corporaciones multinacionales del sector automotor instaladas en México operan con una elevada proporción de insumos importados y bajo un régimen de exención tributaria (Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación, Immex), el superávit que crean tiene un impacto mínimo en la economía mexicana, que se reduce a una exigua derrama salarial. En su mayor parte, dicho superávit es transferido a la sede central de la corporación multinacional. Se trata, por tanto, de un espejismo que encubre la implicación profunda de la reestructuración neoliberal en el sector manufacturero: la exportación indirecta o incorpórea de fuerza de trabajo.
Figura 1.
México: producción total y producción para la exportación en la industria automotriz (cifras en unidades)

Fuente: SIMDE-UAZ. «Tabulados básicos de la industria automotriz en México» (INEGI).
En cuanto a la exportación directa de fuerza de trabajo a través de la migración laboral, en el caso de México, las remesas, que ascendieron a 63 mil 318.67 millones de dólares estadounidenses en 2023 (Banco de México, 2024), generaron un saldo en apariencia positivo para el país. Sin embargo, es relevante anotar que —como lo demuestra Alejandro Canales (2011)— el impacto económico atribuido a las remesas es desproporcionado. El crecimiento del PIB debido al efecto multiplicador de las remesas es de 0.47 %; su elasticidad con respecto a las remesas es de 0.036; el impacto de las remesas en la reducción de la pobreza es de 1.3 %, igual que el impacto en la reducción de la desigualdad (índice de Gini); y la elasticidad de la pobreza con respecto a las remesas es de 0.221. Las remesas sólo representan una fracción de los salarios que ganan los trabajadores migrantes en condiciones de superexplotación laboral y se utilizan para mantener a dependientes en los lugares de origen y contribuir con ello a la reproducción familiar. Esto incluye la formación de una nueva fuerza de trabajo con una alta propensión a migrar (por ejemplo, hijos, hermanos u otros familiares) y el apoyo a personas mayores y enfermas. Los trabajadores migrantes en situación de superexplotación laboral que envían parte de sus salarios —de suyo precarios— a sus familiares pobres, distan mucho de convertirse en agentes de desarrollo como lo sugiere el discurso apologético de las remesas enarbolado por el Banco Mundial. Al contrario, como se postula en un estudio reciente (Delgado, Caballero y Gaspar, 2023), las remesas se inscriben en el polo de subsistencia de la economía y contribuyen en esencia a la reproducción transnacional del ejército laboral de reserva que nutre al país de destino.
Asimismo, es indispensable tener presente las relaciones de intercambio desigual que subyacen a las remesas (Delgado y Gaspar, 2018). Junto con la transferencia del bono demográfico de México, la integración de los migrantes en el mercado laboral estadounidense entraña una transferencia de recursos derivados de los costos educativos y de reproducción social de la fuerza de trabajo. En México, esos costos incluyen la educación, la sanidad, los gastos familiares y los programas de asistencia social. Para Estados Unidos, la migración laboral supone un ahorro en la formación de la fuerza de trabajo, ya que el perfil demográfico de los inmigrantes se corresponde con su etapa de mayor productividad. La suma de los costos de reproducción social y educativos (en términos conservadores, basados en educación pública y canasta básica) asciende a un millón 46 mil 300 millones de dólares, es decir, 1.4 veces el importe total de las remesas enviadas a México entre 1994 y 2024 (véase figura 2).
Figura 2.
México: costo de la educación y la reproducción social de los inmigrantes que ingresaron a Estados Unidos entre 1994 y 2024 frente a las remesas (miles de millones de dólares estadounidenses, 2024)

Fuente: estimaciones basadas en «Encuesta de Población Actual, 1994–2024» (INEGI); «Líneas de pobreza en México (Coneval); y «Anuario de Estadísticas Educativas en México, 2024» (Coneval).
A lo anterior, cabe añadir que existe una transferencia Sur-Norte, a menudo oculta y no reconocida, de beneficios sociales públicos por parte de los migrantes provenientes de países periféricos, y en particular de los migrantes mexicanos, documentados o no, a los nativos en el ámbito del sistema tributario y de beneficios sociales públicos de Estados Unidos, donde la migración indocumentada y la informalidad desempeñan un papel clave y frecuentemente invisibilizado. Dicha transferencia, derivada del pago de impuestos con una nula o muy baja retribución en términos de beneficios sociales públicos, permite a los nativos recibir hasta 1.4 dólares de beneficios sociales públicos por cada dólar que pagan de impuestos (Delgado, Márquez y Gaspar, 2015). Estudios recientes respaldan el argumento previo (Bahal, 2024).
Adicionalmente, el extractivismo neoliberal liderado por grandes corporaciones multinacionales agroquímicas y mineras ha dado lugar a nuevas modalidades de intercambio desigual, que no sólo suponen transferencias Sur-Norte de excedentes, incluidas las rentas de la tierra, sino que también ocasionan enormes daños ecológicos en términos de deforestación, contaminación del agua, pérdida de biodiversidad, degradación del suelo, alteración de los ciclos hidrológicos y emisiones de gases de efecto invernadero. A esto se suman las transferencias de excedentes derivadas de las rentas tecnológicas extraídas por las grandes multinacionales mediante el control de las patentes, y los costos educativos y de reproducción social de la fuerza de trabajo inmigrante calificada y altamente calificada.
En consecuencia, resulta evidente que en el contexto del capitalismo contemporáneo emergen nuevas y lacerantes dinámicas de intercambio desigual y transferencia de excedentes en las que la exportación directa e indirecta o incorpórea de fuerza de trabajo cumple un papel estratégico.
La «industria de la migración» en el corredor México-Estados Unidos
México cuenta con una larga historia migratoria a Estados Unidos que se remonta a 1848, cuando el país perdió poco más de la mitad de su territorio a manos de éste. Como resultado de la reestructuración neoliberal, la suscripción del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994 y más recientemente el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), la migración mexicana ha crecido de modo exponencial: en 2010 México se convirtió en el país con mayor número de migrantes del mundo y, en 2024, en el segundo después de la India (véase figura 3).
Figura 3. Migración entre México y Estados Unidos

Fuente: recopilación a partir de los censos decenales (1850–1990); y del «Pew Hispanic Center (1994–2010)» (Passel y Cohn, 2011; SIMDE-UAZ, 2011–2020), basado en el suplemento de marzo de la CPS.
Además del crecimiento exponencial de la migración entre ambas naciones, la reestructuración neoliberal ha alterado de manera significativa la geografía de la migración, tanto en Estados Unidos, donde los migrantes mexicanos se han convertido en el principal grupo de inmigrantes en 31 estados, como en México, donde no hay ningún municipio del país sin migrantes internacionales. El espectro ocupacional de los migrantes mexicanos en Estados Unidos se ha diversificado, al abarcar casi todos los sectores de la economía, desde la agricultura y los servicios hasta la construcción y la manufactura, incluyendo, en menor medida y rápido crecimiento, las actividades de ciencia, tecnología e innovación. A la par, se ha diversificado y ampliado la composición de los flujos migratorios en términos de género, diversidad étnica, capacitación profesional y nivel educativo.
La comunidad de origen mexicano es, con mucho, la comunidad latinoamericana y extranjera más grande en Estados Unidos, con una población de 38.8 millones (12 millones nacidos en México y el resto descendientes de primera o segunda generación, cifras de 2023) (Batalova, 2024), de los cuales aproximadamente 4 millones son indocumentados (Passel y Krogstad, 2024).
El flujo de remesas enviadas a México por medio de canales formales ha crecido exponencialmente (véase figura 4), lo que lo convierte en el segundo país que más remesas recibe en el mundo, sólo por detrás de India. En contigua tesis, las remesas se han convertido en una de las fuentes primordiales de divisas del país, con 66 mil 200 millones de dólares en 2023. Cabe acotar que, a pesar del estancamiento de los flujos migratorios de México a Estados Unidos en los últimos años, las remesas han aumentado en relación con los ingresos totales. Esto ha transformado el negocio de las remesas en una actividad muy lucrativa en la que participan empresas multinacionales de transferencias monetarias, es el caso de Western Union y MoneyGram, e instituciones bancarias clave ubicadas en México, como Bancomer, Banamex y Banorte.
Figura 4. Remesas enviadas a México a través de canales formales, 1995–2023 (miles de millones de dólares estadounidenses)

Fuente: «Balanza de pagos-Remesas de trabajadores» (Banco de México, 2024).
La larga historia de la migración y la gran cantidad de población de origen mexicano que reside en Estados Unidos han propiciado la aparición de múltiples nichos de mercado dentro de la «industria de la migración», en la cual, aparte de las remesas en el transporte, la vivienda y las comunicaciones, se ha desarrollado un próspero negocio en torno al mercado de la nostalgia o mercado paisano (Romero y Monterde, 2018).
Sin entrar en mayores detalles, en el complejo escenario de la «industria de la migración» entre México y Estados Unidos convergen dinámicas de lo que se ha dado en caracterizar como transnacionalismo desde abajo y desde arriba. El primero alude a las conexiones y apoyos que los migrantes ofrecen o mantienen con sus comunidades de origen (apoyo económico, cultural o social), lo que fortalece las identidades transnacionales desde el nivel micro y familiar. Por su parte, el segundo entraña las relaciones y vínculos con instituciones, organizaciones o actores económicos (estructuras gubernamentales, empresas o élites), asociados al amplio espectro de actividades que convergen en la «industria de la migración».
En efecto, México es uno de los corredores fundamentales de migración de tránsito del mundo: en 2023 se registraron 782 mil 176 casos de migración irregular en México, de los cuales 29% procedía de Venezuela, 15% de Honduras, 10% de Guatemala, 9% de Ecuador, 6% de Haití y 3% de Colombia, El Salvador, Senegal y Nicaragua, respectivamente (OIM, 2024).
Dentro de ese intrincado contexto, la «industria de la migración» en el corredor México-Estados Unidos constituye un ecosistema complejo que involucra una vasta combinación de actividades legales, ilegales, formales e informales, que la transfiguran en un negocio multifacético. Comprende, entre otras cosas, una compleja red de actividades en las que confluyen diversos agentes y prácticas: trata de personas, contratación de fuerza de trabajo, préstamos informales para financiar la migración y servicios de transporte de pasajeros. Esas actividades reflejan la elevada demanda de servicios asociados con la migración ante las crecientes barreras legales y económicas. Una preocupante estadística de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM, 2023) indica que en 2022 se registraron 686 muertes y desapariciones de migrantes en la frontera entre Estados Unidos y México, lo que evidencia los peligros de una de las rutas terrestres más mortíferas del mundo para las personas migrantes.
Con el propósito de hacer frente a los retos que plantea la migración irregular, la seguridad fronteriza de Estados Unidos ha evolucionado y ha adoptado medidas cada vez más sofisticadas —acentuadas con la administración de Donald Trump— en aras de controlar y vigilar los cruces en la frontera suroeste. Esto se ha caracterizado por un aumento significativo de la tecnología de vigilancia, del personal y de la coordinación entre organismos con el fin de frenar el flujo de migrantes indocumentados. Por su parte, México, presionado por Estados Unidos, ha intensificado la aplicación de la ley migratoria en su frontera sur con Guatemala, lo que ha alterado drásticamente los patrones migratorios en toda la región. Tales medidas no sólo afectan a las rutas que siguen las personas migrantes, sino que añaden complejidad y riesgo a sus peligrosas travesías, por lo que en muchos de los casos los migrantes se han visto obligados a recurrir a los nefastos «servicios» que prestan las redes criminales y clandestinas que proliferan en el marco de la «industria de la migración».
Ante esas circunstancias, la comercialización y el negocio ilícito de la movilidad humana suelen pasar desapercibidos en lo concerniente a la «industria de la migración». A medida que los migrantes son tratados como —y en los hechos convertidos en— mercancías, la dinámica de la oferta y la demanda se vincula indisolublemente a su seguridad y sus derechos.
Esto último ha permitido una abierta participación de la delincuencia organizada en el tráfico, trata y transporte de migrantes irregulares. Al respecto, Tonatiuh Guillén, exdirector del Instituto Nacional de Migración de México, estima que dicho negocio genera alrededor de mil millones de dólares mensuales en ganancias para el crimen organizado (Aristegui Noticias, 6 septiembre de 2021). Se trata, sin duda, de un mercado muy lucrativo. Entre los factores que impulsan esa actividad delictiva figura el bajo riesgo de sanciones asociado al tráfico ilícito de migrantes, en comparación con otras actividades delictivas de alto riesgo, como el tráfico de drogas, que atrae una mayor atención de las fuerzas del orden.
Las caravanas de migrantes que atraviesan el corredor México-Estados Unidos agregan complejidad al fenómeno. Las investigaciones revelan que en los últimos años han tenido lugar al menos 30 caravanas de migrantes que han recorrido México, lo que pone de manifiesto una tendencia notable hacia los movimientos migratorios colectivos. Las caravanas suelen estar formadas por personas de América Central que deciden unirse por motivos de seguridad y solidaridad en su tránsito migratorio hacia Estados Unidos. La existencia de las caravanas plantea importantes retos a las autoridades mexicanas, quienes deben mantener un delicado equilibrio entre las obligaciones humanitarias y las políticas de control fronterizo. Algunos líderes abogan por un trato humano a los migrantes, mientras que otros expresan su preocupación por la posible presión sobre los recursos locales y la seguridad. Aunado a ello, la caracterización de los migrantes centroamericanos que integran las caravanas, como peones manipulados por organizaciones no gubernamentales (ONG) u operaciones de tráfico ilícito, añade otro grado de complejidad al análisis.
Desde esa perspectiva, las caravanas reflejan las circunstancias que obligan a las personas a migrar (violencia, inestabilidad económica y agitación política) y se entrecruzan también con debates más amplios acerca del papel de los distintos actores dentro de la «industria de la migración». La participación de ONG, activistas y redes criminales presenta preguntas críticas en torno de las motivaciones e influencias que intervienen en el proceso migratorio (Torre Cantalapiedra y Mariscal, 2020). En última instancia, comprender la dinámica de las caravanas de migrantes proporciona información vital del panorama cambiante de la migración y sus implicaciones para las políticas, la seguridad y la respuesta humanitaria en el corredor México-Estados Unidos.
En síntesis, la caracterización de la «industria de la migración» en el caso de México como país de emigración, tránsito y destino, demuestra un amplio, complejo y dinámico conjunto de actores y actividades que, según la definición de Thomas Gammeltoft-Hansen y Ninna Sørensen (2013:6–7), conforman una intrincada y multifacética «red de actores no estatales que prestan servicios para facilitar, restringir o apoyar la migración internacional».
Antes de concluir este breve recorrido, me permito hacer una aclaración relevante: a lo largo del documento, se ha puesto entrecomillado el término «industria de la migración» porque, desde un enfoque marxista, no es del todo claro que constituya una industria. Es imposible subsumirla bajo el paraguas de una industria que produce una o más mercancías. El producto fundamental de la «industria de la migración» es la fuerza de trabajo. Marx equipara el valor de un producto con el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlo, con la excepción de la fuerza de trabajo. Sin embargo, en el caso de este producto concreto, que es el más valioso para la acumulación de capital, ya que la fuerza de trabajo es la única mercancía capaz de crear valor y generar plusvalor, su valorización resulta extremadamente compleja. Por un lado, a diferencia de otras mercancías, la fuerza de trabajo no se intercambia con libertad en el mercado internacional. Por otro lado, su valor, expresado en salarios, difiere significativamente de un país a otro y, estructuralmente, entre el centro y la periferia del sistema capitalista mundial. Además, según la teoría marxista de la dependencia, un aspecto central del modus operandi de las economías periféricas es la superexplotación de la fuerza de trabajo, es decir, el pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor.
En el trasfondo de esta trama subyacen las fuerzas económicas que impulsan a las personas a emigrar de países periféricos o dependientes hacia países centrales e imperialistas, a medida que la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía codiciada por economías que no cuentan con esa valiosa mercancía para satisfacer las demandas del mercado laboral. El problema es que dicho mercado en particular no está abierto a la competencia internacional, sino que está mediado por políticas migratorias regidas por la economía política del arbitraje laboral global, cuyo objetivo es perpetuar las dinámicas de intercambio desigual y transferencia de excedentes imperantes (Delgado y Martin, 2015).
Habría que añadir que, para Marx, en el capitalismo la fuerza no se produce ni se reproduce como mercancía, sino que se intercambia como tal en el mercado laboral. Esto conduce a un área teórica muy debatida en el contexto de la teorización feminista: la cuestión de la reproducción social. No cabe duda de que la reproducción social se ha ido alejando de modo progresivo de la esfera doméstica con la intención de abarcar una compleja variedad de actividades, incluidas las relativas a la migración y su gestión (Glick-Schiller, 2024).
Desde ese particular lente analítico, la expansión de los servicios asociados a la reproducción social bajo la égida neoliberal, en especial en los países imperialistas, corresponde en esencia a actividades que no crean valor ni plusvalía, sino que se apropian de los beneficios generados en los sectores productivos mediante la distribución de la plusvalía, que incluye la plusvalía social distribuida por el Estado y la plusvalía generada en la esfera productiva en la que se incorpora y explota la fuerza de trabajo migrante. Marx es muy claro al respecto en el tomo III de El capital cuando aborda la cuestión de la formación de los precios de producción y la tendencia a generar una tasa media de ganancia en todas las actividades necesarias para la acumulación de capital. Entre esas actividades se encuentra la ganancia comercial (el comercio no crea valor, pero es una actividad requerida en la realización de las mercancías y la reproducción del capital), el capital financiero, el interés del capital (a fin de cubrir las necesidades de capital adelantadas en cada ciclo del capital) y la renta de la tierra (como tributo para poner los recursos naturales no creados por el trabajo humano al servicio de la acumulación de capital).
Más aún, la «industria de la migración» describe una amplia gama de servicios prestados en los países de destino y durante el tránsito o travesía migratoria. Aunque esos servicios no generan valor ni plusvalía, se convierten en actividades o negocios muy lucrativos que, en última instancia, contribuyen a la generación de plusvalía a través de la explotación o superexplotación laboral del trabajador migrante en los sectores productivos en los que se integra y participa. No debe perderse de vista que, en el caso de Estados Unidos y Europa, que son sociedades fuertemente envejecidas, la acumulación de capital depende, de manera creciente, de fuerza de trabajo procedente de países periféricos.
En el corredor migratorio analizado, la «industria de la migración» engloba actividades como el tráfico ilícito, el asesoramiento jurídico y las plataformas de envío de remesas, que no son propiamente productivas, sino que se inscriben en la esfera de distribución social del plusvalor. Esto plantea la cuestión de si los propios migrantes, a menudo percibidos como agentes económicos, son objeto de explotación dentro de dicha industria, mientras se enfrentan a diversos retos en busca de trabajo para superar sus adversas condiciones de vida. Asimismo, la teoría del valor-trabajo descubre que la fuerza de trabajo migrante puede estar infravalorada en el país de acogida, lo que con frecuencia deriva en condiciones laborales precarias y de explotación extrema. También ofrece elementos de análisis de otros aspectos de la amplia gama de actividades que encierra esta categoría, como la explotación, mercantilización e impacto económico de la migración. En el contexto de las transferencias de excedentes entre el centro y la periferia del sistema capitalista mundial, las actividades de la «industria de la migración» conllevan significativas transferencias de plusvalía del Sur al Norte, que complementan la compleja gama de transferencias aludidas en los apartados previos.
A manera de conclusión
A lo largo de este trabajo he brindado un panorama amplio acerca de la migración internacional y las transferencias de excedentes en las que se inscribe y a las que contribuye, en su relación dialéctica con el desarrollo. El recorrido comenzó con el esbozo de una teoría marxista de la migración, en el que se identificaron dos categorías analíticas clave: la acumulación por desposesión y el ejército industrial de reserva.
Se argumentó que la dinámica de la migración internacional se encuentra íntimamente vinculada con el desarrollo desigual del sistema capitalista mundial, lo que en la historia ha dado lugar a la configuración de un centro y una periferia diferenciados con claridad. Los dos polos del sistema poseen características estructurales diversas y contrastantes: la acumulación de riqueza en un polo se vincula de modo estrecho a la producción y reproducción de la pobreza en el otro.
De acuerdo con los exponentes del pensamiento crítico latinoamericano sobre la cuestión del desarrollo y los teóricos marxistas de la dependencia, tales características se basan en relaciones de intercambio desigual asociadas a la emergencia de una división internacional del trabajo, las cuales dan paso a una metódica y creciente transferencia de excedentes de la periferia al centro del sistema. Un aspecto crucial para el análisis de la migración internacional consiste en descifrar la forma desigual y contrastante en la que la ley general de la acumulación de capital, tal y como la concibió Marx, opera en uno y otro polo del sistema. En el centro, el capital se concentra y centraliza, mientras que en la periferia existe un excedente de fuerza de trabajo que supera, con creces, las necesidades del proceso de acumulación, a la que la clase capitalista del centro puede acceder a través de diversos mecanismos, entre ellos la migración. El exceso de fuerza de trabajo en la periferia provoca un desbordamiento del ejército laboral de reserva, que cristaliza en la generación —como lo sugiere Marx en su estudio del caso irlandés— de una sobrepoblación absoluta. En el marco de los desequilibrios territoriales que peculiarizan a la acumulación de capital a escala mundial, la migración internacional actúa como un mecanismo compensatorio que, lejos de contrarrestar la dinámica de desarrollo e intercambio desigual, contribuye a mantenerla, profundizarla y acrecentarla.
Con el advenimiento del neoliberalismo, el intercambio desigual, que en un inicio se basa en el intercambio de materias primas por productos manufacturados, adquiere una connotación más crítica relacionada con la emergencia de una nueva división internacional del trabajo al seno de la manufactura (que se superpone a la anterior), según la cual las actividades intensivas en conocimiento se concentran en el centro del sistema, mientras que las actividades intensivas en fuerza son desplazadas a la periferia. En una operación desmitificadora se conceptualizó dicho fenómeno como una «exportación indirecta o incorpórea de la fuerza de trabajo» con referencia a las plantas de ensamble o maquiladoras instaladas en numerosos países de la periferia. En esas circunstancias, se produce una modalidad extrema de intercambio desigual que semeja, a escala internacional, el intercambio desigual entre el trabajo y el capital en el proceso productivo.
Destaca también que, aparte de la exportación indirecta o incorpórea de fuerza de trabajo, existe una creciente exportación directa de fuerza de trabajo mediante la migración laboral. Los puestos de trabajo trasladados a la periferia no compensan la destrucción de empleo ocasionada por la reestructuración neoliberal.
Otra dimensión fundamental de la reestructuración neoliberal aludida y que se ha examinado muy poco en la literatura, es la profunda transformación que experimentan los ecosistemas de innovación en la actualidad, con Silicon Valley a la vanguardia. Dicho ecosistema, al que se distinguió como sistema imperial de innovación, funciona como una poderosa máquina de patentamiento en la que las corporaciones multinacionales, siguiendo una lógica rentista, se apropian de los productos del desarrollo científico y tecnológico generados en él. Esos productos no los crea la corporación que adquiere la patente, sino investigadores independientes que operan bajo la figura de startups, alimentadas sobre todo por innovadores extranjeros, provenientes de países periféricos y emergentes como India, China y México. Se expuso, de igual modo, la existencia de centros de innovación periféricos, «Silicon Valley periféricos», que funcionan como una suerte de maquiladoras científicas y tecnológicas.
Lo descrito con anterioridad dibuja un panorama muy complejo e intrincado, de creciente interdependencia, en el que la migración calificada opera a la manera de un mecanismo de intercambio desigual. En este caso, los costos de reproducción de la fuerza de trabajo calificada y altamente calificada recaen en la periferia, mientras que los beneficios potenciales de la innovación forman parte de la dinámica perversa de acumulación que se ha detallado.
El caso paradigmático de la migración México-Estados Unidos ilustra, con claridad, la compleja dinámica de intercambio desigual y transferencia de excedentes implicada en la migración contemporánea. No obstante, esa dinámica no debe entenderse como un resultado inevitable del proceso de desarrollo capitalista. Si bien escapa a los objetivos de este artículo, un análisis en profundidad de dicha dinámica, coronada por la crisis epocal o civilizatoria por la que atraviesa el capitalismo contemporáneo, permite vislumbrar posibles alternativas de desarrollo y transformación social hasta hace poco inimaginables (véanse al respecto Delgado, Chávez y Gaspar, 2022; Delgado, 2024).
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