Migración y Desarrollo, volumen 22, número 43, segundo semestre 2024, es una publicación semestral editada por la Universidad Autónoma de Zacatecas «Francisco García Salinas», a través de la Unidad Académica de Estudios del Desarrollo, Jardín Juárez 147, colonia Centro, Zacatecas, C.P. 98000, Tel. (01492) 922 91 09, www.uaz.edu.mx, www.estudiosdeldesarrollo.net, revistamyd@estudiosdeldesarrollo.net. Editor responsable: Raúl Delgado Wise. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo Vía Red Cómputo No. 04-2015-060212200400-203. ISSN: 2448-7783, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de última actualización: Unidad Académica de Estudios del Desarrollo, Maximino Gerardo Luna Estrada, Campus Universitario II, avenida Preparatoria s/n, fraccionamiento Progreso, Zacatecas, C.P. 98065. Fecha de la última modificación, noviembre de 2024.
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Migración y desarrollo: actualización sobre las tendencias mundiales
Migration and development: an update on global trends
Recibido 02/07/24 | Aceptado 19/span>/07/24
Alejandro Portes*
*Cubano-estadounidense. Profesor emérito de la Universidad de Princeton. Correo-e: aportes@law.miami.edu
Traducido del inglés al español por Georgia Aralú González Pérez y Perla Guadalupe Cosío Castañón.
Resumen. Este artículo comienza con un análisis en profundidad de dos puntos de vista opuestos concerniente al impacto de la migración en las perspectivas de desarrollo de países y regiones de origen. La primera escuela de pensamiento adopta una postura decididamente negativa sobre estas relaciones, al considerar la emigración como un síntoma y una causa del subdesarrollo. Por el contrario, la segunda escuela de pensamiento toma una postura mucho más optimista y contempla a la emigración como una fuente de beneficios económicos y culturales para los lugares de origen, que en determinadas condiciones podrían sacarlos de la pobreza y el atraso. No obstante, se advierte que ambas escuelas descuidaron el debate acerca de las consecuencias de la migración para los países de acogida y los propios migrantes. Afirma que un enfoque integral de la migración y el desarrollo debe tener en cuenta tales aspectos y sus interacciones. En la mayoría de los casos, los movimientos migratorios modernos refuerzan las relaciones de poder económico y los privilegios de clase existentes tanto en los países de acogida como en los de origen. El grado en que lo hacen es una cuestión central en cualquier intento de desarrollar una teoría en torno de la relación entre migración y desarrollo. .
Palabras clave: migración y desarrollo, países de origen y de acogida, éxodo poblacional, transnacionalismo, trabajador migrante y profesional migrante.
Abstract. This article begins with an in-depth examination of two contrasting perspectives on the impact of migration on the development prospects of sending countries and regions. The first school of thought took a decidedly negative stance on these relationships, regarding out-migration as both a symptom and a cause of underdevelopment. In contrast, the second school took a far more optimistic position, regarding out-migration as a source of economic and cultural benefits for places of origin that could, under certain conditions, lift them out of poverty and backwardness. However, it cautions that both schools neglected to discuss the consequences of migration for receiving places and the migrants themselves. It argues that a comprehensive approach to migration and development must consider these aspects and their interactions. In most cases, modern migratory movements reinforce existing economic power relationships and class privilege in receiving or sending nations. The extent to which they do so is a central question in any attempt to develop a theory of the relationship between migration and development.
Keywords: migration and development, sending and receiving countries, population exodus, transnationalism, migrant labor and migrant professional.
Introducción
La influencia de la migración en el desarrollo nacional y local ha sido un tema relevante en la literatura económica, política y sociológica en esta área. Hasta hace poco, la principal división mostraba dos perspectivas opuestas acerca de los efectos del fenómeno migratorio en el desarrollo de los países y lugares de origen. La primera perspectiva adoptaba una postura claramente negativa en torno a dicha relación, al valorar la emigración no sólo como un síntoma, sino como una causa del subdesarrollo. La segunda visión lo hacía desde una posición más optimista, es decir, entendía a la emigración en tanto una fuente de beneficios económicos y culturales para los lugares de origen que, en determinadas condiciones, podía sacarlos de la pobreza y el rezago.
Analizaré en detalle las aludidas posturas, previo a ello es necesario mencionar que ambas omitieron discutir las consecuencias de la migración para los lugares de acogida y para los propios migrantes. Se trata de omisiones significativas, pues los flujos migratorios considerables repercuten en el desarrollo social y económico de los países y lugares de acogida, así como en las condiciones de vida de los migrantes, sus familias y comunidades. Además, el enfoque global y la teoría de la migración no deben soslayar las diferentes problemáticas ni sus interacciones.
En principio, los movimientos migratorios rara vez han logrado transformar por completo los lugares de origen o de destino. En efecto, existen excepciones históricas, por ejemplo, las llamadas invasiones «bárbaras» que dieron fin al Imperio romano, o las empresas colonizadoras de las potencias imperialistas occidentales que destruyeron las civilizaciones preexistentes en otras partes del mundo, desde América hasta Asia y África. Tales acontecimientos históricos son bien conocidos, de manera que no se requiere ahondar en ese tema. No obstante, durante los dos últimos siglos de evolución del sistema mundial no se registran casos en los que los desplazamientos migratorios hayan trastocado en su totalidad1 los sistemas políticos y económicos de naciones enteras. Según se revisará, lo más habitual es que los movimientos migratorios modernos contribuyan a reforzar los vínculos existentes de poder económico y privilegios de clase en los países receptores al igual que en los emisores. Asimismo, el grado en que lo hacen representa, inclusive, un elemento central para cualquier intento de construir una teoría en torno al nexo entre migración y desarrollo. A continuación, el tópico se tratará de forma sistemática.
¿Contribuye la migración al desarrollo? Lugares de origen
Numerosos encuentros de académicos del denominado Sur global han propiciado una serie de declaraciones que denuncian la inmigración como un aspecto pernicioso para el desarrollo económico y social de las localidades y naciones receptoras. Un ejemplo de esta postura es la Declaración de Cuernavaca, emitida tras una conferencia que reunió a estudiosos de México, Filipinas, Marruecos y otros países de origen:
El modelo de desarrollo adoptado en la inmensa mayoría de los países americanos exportadores de mano de obra no ha generado oportunidades de crecimiento ni de desarrollo económico y social. Por el contrario, ha supuesto la aparición de dinámicas regresivas: desempleo y precariedad laboral, mayores desigualdades sociales, pérdida de trabajadores calificados, desarticulación productiva y estancamiento, inflación y mayor dependencia económica (Delgado y Covarrubias, 2007).
Semejante afirmación y otras similares dejan entrever que la emigración tiende a despoblar y empobrecer a las regiones de origen y, a la vez, a consolidar las relaciones de poder desiguales en ellas. Lo hace al servir de válvula de escape para el descontento popular, hecho que permite a las élites locales mantener su control sobre el poder. Esta posición crítica se centra en particular en la emigración de mano de obra poco calificada de las pequeñas ciudades y las zonas rurales. En contraposición, descuida los flujos de personal altamente calificado, así como la posibilidad de la migración de retorno. La imagen implícita es la de un flujo unidireccional que huye de la miseria y la necesidad, el resultado son regiones cada vez más vacías y pobres.
Por su parte, un enfoque alternativo y más positivo tiende a enfatizar precisamente en estos flujos de retorno que pueden contribuir de modo significativo al desarrollo local y nacional. En primer lugar, las remesas enviadas a familiares y a otras personas en las zonas de origen que, para sorpresa de gobiernos y organismos internacionales, alcanzan cifras muy relevantes en su conjunto. Por añadidura, es habitual indicar que los flujos de remesas de los migrantes superan con creces las cantidades de ayuda internacional transferidas de los países ricos a los menos desarrollados y que en muchos países pequeños las remesas casi superan las divisas obtenidas por las exportaciones del país. Como declaró de forma memorable un joven sociólogo salvadoreño en una de las ponencias relativas al tema, «la migración y las remesas se han convertido en el verdadero programa de supervivencia económica para la población de nuestro país»2 (Lungo y Kandel, 1999; Guarnizo et al., 2003).
Los académicos críticos del Sur global descartan el potencial de desarrollo de las remesas, argumentan que se gastan específicamente en consumo, no en inversión, y que desincentivan el trabajo y el espíritu empresarial en las zonas de origen, que llegan a depender cada vez más de estas transferencias de dinero del extranjero (Reichert, 1981; Lungo y Kandel, 1999). En cambio, otros destacan el efecto multiplicador de las remesas y su potencial de inversión luego de que los migrantes regresan a sus lugares de origen y le dan un uso productivo a sus ahorros. En opinión de Massey y sus colegas:
Una razón importante para el pesimismo que caracteriza a la mayoría de los estudios comunitarios es la falta de un buen criterio teórico para medir los efectos de la migración en el crecimiento económico. Los estudios sobre las comunidades confunden sistemáticamente el consumo con el uso no productivo de las remesas, ignoran los amplios y esenciales vínculos económicos que las remesas crean en las economías locales. De igual modo, tienden a confundir el uso de las remesas con el efecto de éstas en los gastos familiares. Todavía más, diversos estudios emplean una definición bastante limitada de «inversiones productivas», pues las restringen a las inversiones en equipamiento, mientras desconocen el gasto productivo en ganado, escolarización, vivienda y tierra (1998:262).
En gran medida, las características entre las opiniones opuestas se centran en su visión de la migración como un proceso permanente frente a uno cíclico. Las salidas permanentes despueblan y debilitan las zonas locales, pero las cíclicas pueden mejorar sus perspectivas, gracias al flujo inicial de remesas seguido del retorno de los propios migrantes. Los migrantes que regresan traen consigo no sólo sus ahorros, sino las habilidades laborales adquiridas en el extranjero. Estas últimas logran dinamizar a las regiones de origen, a través de orientar sus economías hacia inversiones nuevas y rentables (Massey et al., 1998; Landolt et al., 1999; Guarnizo, 2003). Según Landolt,
de entrada, las remesas y las iniciativas económicas dirigidas a los hogares transforman a las familias y a las comunidades. Los hogares que reciben remesas muestran mejoras tangibles en su nivel de vida. Los dólares de las remesas posibilitan acceder a la educación y a la salud, y le permiten a una familia comprar tierras agrícolas o realizar mejoras en una propiedad existente. Las remesas, combinadas con el conocimiento de los salarios y las condiciones en las ciudades salvadoreñas de asentamiento, pueden alterar la relación del trabajador con la economía local. En términos transnacionales, al sopesar el valor de su trabajo, los trabajadores poseen mayor poder para rechazar los salarios miserablemente bajos que ofrecen los empleadores salvadoreños. Comunidades enteras se transforman, ya que las empresas, la propiedad de la tierra y la supervivencia básica giran en torno a la transferencia de remesas. En paralelo, las localidades insertadas en los circuitos del transnacionalismo económico salvadoreño prosperan en comparación con las localidades marginales y no transnacionales que continúan sumidas en la pobreza (2001:232).
Es indispensable tener presente el tiempo que el migrante pasa en el extranjero y que define su estancia como temporal o permanente. Esta división no es del todo clara, puesto que la diferencia suele depender del trabajo que se realiza en el extranjero y de si las familias acompañan al migrante. En un extremo, un joven migrante sin acompañantes contratado para trabajar en la agricultura y la construcción en el extranjero durante uno o dos años se clasifica como temporal. En cambio, un trabajador calificado que viene con su familia con un permiso renovable de cinco años se inserta en la definición de migración permanente.
Concerniente a la migración de personas con un alto capital humano existe literatura al respecto, cabe aducir que las líneas de controversia son similares a las ya expuestas. Los detractores de la «fuga de cerebros» condenan la pérdida de talento para los países pobres, los cuales invierten sus escasos recursos en formar profesionales y científicos universitarios, y luego sólo observan cómo se marchan al extranjero en busca de puestos más prometedores y mejor remunerados. Los intentos de atraer a los profesionales de vuelta a su país fracasan a causa de la superioridad de las recompensas económicas y las oportunidades de promoción profesional en el extranjero. En ese sentido, la migración de talentos altamente calificados se considera una pérdida absoluta para los países de origen (Oteiza, 1971; Portes, 1976; Portes y Ross, 1976).
Empero, recientes publicaciones destacan las numerosas contribuciones que los profesionales expatriados aportan a sus regiones y países de origen. Éstas incluyen remesas monetarias, además de transferencias de conocimientos, inversiones empresariales reales y donaciones filantrópicas. A diferencia de las aportaciones de los migrantes poco calificados a sus lugares de origen, que con frecuencia se limitan a remesas familiares o pequeñas donaciones para obras públicas locales (Lacroix, 2005; Iskander, 2010), las de los profesionales inciden a escala nacional. De acuerdo con Saxenian (2002; 2006), tras una serie de estudios concretos acerca del tema, la aparición de polos de innovación de alta tecnología en ciudades como Bangalore y Hyderabad en la India, o Shanghái en China, no habría sido posible sin la contribución de sus comités profesionales y científicos expatriados (véase también Zhou y Lee, 2015).
Similar al caso de los migrantes poco calificados, el conflicto aquí estriba en la temporalidad del viaje de los profesionales migrantes al extranjero. Las salidas permanentes dañan a los países de origen porque los privan de talento profesional, a menudo formado con un gran coste. Las estancias temporales evitan esto y también permiten a los migrantes altamente calificados adquirir nuevas habilidades y acumular ahorros, todo ello en beneficio de los países de acogida (Agarwala, 2015; Portes, 2015).
En mayor medida que los migrantes habituales, los expatriados profesionales poseen la capacidad de convertir la migración permanente en circular. Lo anterior ocurre cuando, a pesar de tener permisos de residencia permanente en los países de acogida, las personas altamente calificadas regresan con frecuencia a su país de origen y participan en actividades educativas y filantrópicas en beneficio de las localidades y los países de origen. Esta aparente paradoja (la circularidad de la migración permanente) es más común entre los expatriados de mayor edad y mejor establecidos. Los profesionales recién llegados, al principio buscan adaptarse en las instituciones que los emplean y en las comunidades donde se asientan, en realidad no disponen de mucho tiempo o de recursos a fin de llevar a cabo actividades en su país de origen. Sólo cuando su situación económica y su estatus profesional se consolidan, adquieren los recursos y la motivación necesarios para invertir en sus países de origen (Portes, 2015; Zhou y Lee, 2015).
A diferencia de las remesas y las modestas inversiones que realizan los migrantes poco calificados en sus comunidades de origen, las transferencias de los profesionales y científicos expatriados llegan a ser considerables. Entre ellas se incluyen inversiones en nuevas empresas, información sobre las últimas innovaciones científicas y tecnológicas, donaciones a instituciones educativas y de investigación y múltiples actividades filantrópicas (Saxenian, 2006). Tales iniciativas constatan que la consolidación de las comunidades de científicos y profesionales expatriados, en lugar de debilitar las perspectivas de desarrollo de los países de origen las refuerzan. El cuadro 1 resume el debate hasta este punto.
Cuadro 1
Efectos de la inmigración en el desarrollo de los países y comunidades de origen
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Emigración permanente |
Movimientos cíclicos |
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Trabajadores rurales y urbanos poco calificados |
a) Despoblación de las regiones de origen. b)Dependencia de las remesas para la supervivencia de quienes se quedan atrás. c)Debilitamiento de las estructuras productivas locales. |
a) Inversión de los ahorros de los migrantes en las zonas de origen. b) Preservación de las familias. c) Las remesas y los ahorros de los migrantes como herramientas para superar las imperfecciones del mercado local. |
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Profesionales y otros migrantes altamente calificados |
a) Pérdida de talento nacional. b) Desperdicio de los escasos recursos nacionales para formar personal que ocupe puestos de trabajo en el extranjero. c) Perpetuación de la desigualdad científica y tecnológica con respecto al mundo avanzando |
a) Transferencias regulares de conocimientos. b) Las inversiones de los migrantes como impulsoras de la aparición de polos de crecimiento de alta tecnología en el país de origen. c) Reducción de la brecha científica y tecnológica con los países avanzados. |
Fuente: Portes, 2015:19.
Transnacionalismo
El concepto operativo acuñado en la sociología de la inmigración para abordar las actividades «multifacéticas» que desarrollan los migrantes en sus países de origen y los de destino es el de «transnacionalismo» (Basch et al., 1994; Glick-Schiller y Fouron, 1999; Guarnizo, 2003). El concepto pretende hacer una separación notable de las siguientes iniciativas: internacionales, emprendidas por gobiernos y otros actores institucionales con sede en un solo país; multinacionales, de corporaciones económicas globales, iglesias mundiales y otros actores con sede en múltiples naciones; transnacionales, alentadas por integrantes de una comunidad (Portes, 2001).
No todas las actividades transnacionales las efectúan los inmigrantes. Existen también movimientos políticos y sociales comunitarios en los que participan ciudadanos de diferentes países que intentan promover causas e ideales sociales y económicos más allá de las fronteras. Los ejemplos son múltiples: el movimiento internacional para detener el calentamiento global y el cambio climático, en el que participan miles de activistas de diversos países, es una muestra de transnacionalismo comunitario. Asimismo lo son los movimientos descritos por Kick y Sikkink (1998), que evidencian a las empresas multinacionales al exponer la explotación de los trabajadores en los países pobres del Sur global (véase también Evans, 2000).
En este contexto, el transnacionalismo inmigrante debe considerarse como una forma de activismo popular transfronterizo en la que participan actores comunitarios que intervienen en iniciativas económicas, políticas, religiosas y culturales. Estas acciones no sólo involucran a individuos y familias, sino a las organizaciones creadas por inmigrantes en el mundo. En realidad, las transferencias más significativas de recursos económicos, conocimientos tecnológicos e innovación cultural, por lo regular las ejecutan asociados de expatriados, más que individuos aislados (Saxenian, 2006; Portes y Zhou, 2012; Zhou y Lee, 2015).
Los gobiernos de los países emisores que desean beneficiarse de los recursos económicos y los conocimientos culturales adquiridos por sus comunidades de expatriados precisan tratar con sus organizaciones y no con los migrantes a título individual. Este vínculo es fundamental, de ahí que tales gobiernos crearon de modo deliberado ese tipo de organizaciones entre sus expatriados cuando antes no existían. El cuadro 2 resume los procesos descritos hasta ahora (Iskander, 2010; Escobar, 2015; Lacroix y Dumont, 2015).
Cuadro 2
Actividades transfronterizas por diferentes tipos de actores
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Actividades |
Áreas |
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Política |
Económica |
Sociocultural |
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Internacional |
Establecimiento de embajadas y organización de misiones diplomáticas en el extranjero por parte de los gobiernos nacionales. |
Las exportaciones impulsadas por organizaciones agrícolas, ganaderas y pesqueras de un país. |
Programas de viajes e intercambio organizados por universidades de un país específico. |
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Multinacional |
Las Naciones Unidas y otras agencias internacionales encargadas de supervisar y mejorar áreas especializadas de la vida global. |
Actividades de producción y comercialización de empresas multinacionales cuyos beneficios dependen de múltiples mercados nacionales. |
Escuelas y misiones patrocinadas por la Iglesia católica y otras religiones mundiales en múltiples países. |
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Transnacional |
a) Asociaciones no gubernamentales creadas para supervisar los derechos humanos a escala mundial. b) Asociaciones cívicas locales creadas por inmigrantes para mejorar sus comunidades de origen. |
a) Boicots planeados por activistas comunitarios en países del Norte global para obligar a las multinacionales a mejorar sus prácticas laborales en el Sur global. b) Empresas creadas por inmigrantes para exportar/importar mercancías hacia y desde sus países de origen. |
a) Organizaciones benéficas comunitarias que promueven la protección y el cuidado de los niños en los países más pobres. b) Elección de reinas de belleza y selección de grupos artísticos en comunidades de inmigrantes para participar en los festivales anuales de sus lugares de origen. |
Fuente: elaboración propia.
El caso de los refugiados
En general, los debates sobre migración y desarrollo se enfocan en los desplazamientos laborales y omiten los efectos de los flujos de refugiados. Si bien las migraciones laborales se perciben como movimientos transnacionales normativos de población, no deben descuidarse las correspondientes a los refugiados que huyen de la inestabilidad política o civil en sus países de origen. A diferencia de las migraciones laborales, que se orientan hacia los países más ricos, los movimientos de refugiados suelen tener lugar «de Sur a Sur», es decir, de un país menos desarrollado a otro. Ineludiblemente ese ha sido el caso en África, Asia y América Latina. El reciente éxodo de la población musulmana rohingya de Myanmar a la vecina Bangladesh, y el de los venezolanos a Colombia, Ecuador y Perú, son claros ejemplos (O’Neill, 2018; Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, 2018).
En opinión de Zolberg et al. (1989), los movimientos de refugiados se originan principalmente en las luchas por la creación y el control de los Estados nacionales. La diáspora de bosnios, croatas y otros pueblos de la implosiva nación de Yugoslavia, y el de los cubanos que escapan de la revolución comunista en su isla lo constatan. Lo mismo ocurre con la reciente salida masiva de venezolanos y la mayoría de los desplazamientos interafricanos. Los países emisores son gobernados de forma dictatorial por élites que no toleran ninguna oposición a su poder, de manera que las democracias rara vez producen movimientos de refugiados (Rumbaut, 1989; Zolberg et al., 1989; Stepick, 1998).
Comúnmente, los flujos de refugiados son considerados una carga para los países receptores, los cuales quizá no estén preparados para acogerlos, así lo demuestran recientes experiencias de Turquía, Grecia e incluso Alemania, países que se han visto desbordados por la llegada masiva de refugiados procedentes de Siria y Afganistán. Por su parte, otros países de Europa del Este se negaron a acoger a refugiados de Oriente Medio bajo la justificación de que supondrían una amenaza y una carga económica intolerable. Incluso Estados Unidos, hasta hace poco la nación occidental más compasiva, cerró sus puertas a la mayoría de los refugiados, en especial a los procedentes de países musulmanes (Oficina de Estadísticas de Inmigración de Estados Unidos, 2018; Massey, 2020; Portes, 2020).
Sin embargo, en determinadas circunstancias, la salida de refugiados llega a convertirse en una bendición para los países de acogida, gracias a los conocimientos, la experiencia y los recursos económicos que traen consigo los desertores. Los empresarios y profesionales judíos que huyeron de la persecución del régimen nazi en Alemania realizaron contribuciones intelectuales y económicas extraordinarias a los países de acogida, en particular a Estados Unidos (Coser, 1984; International Resume Committee, 2017; Pries, 2018; Pries y Yankelevich, 2018). Asimismo, el éxodo de las clases alta y media cubanas que huían de la revolución comunista en su país alentó el auge de Miami como potencia económica hemisférica, a tal grado de convertirse en pocos años en la «capital» financiera y comercial de América Latina. Las posteriores salidas de refugiados de otros países latinoamericanos que también experimentaban regímenes populistas revolucionarios, como Nicaragua y Venezuela, reforzaron este resultado (Rodríguez, 2015; Portes y Armony, 2018).
Frente al panorama anterior, no sería exagerado afirmar que la transformación de Miami, de un centro turístico invernal provincial a una ciudad global emergente, no habría sido posible sin las sucesivas oleadas de refugiados procedentes de América Latina. Fueron los banqueros cubanos exiliados quienes apreciaron plenamente las ventajas geográficas de Miami y se desplazaron a América Latina con el propósito de informar a los inversores y banqueros de las numerosas ventajas de hacer negocios en su idioma en Miami. Incluso, ese grupo fue una pieza clave para persuadir al estado de Florida de que aprobara una ley que permitiera la presencia de bancos extranjeros en el estado. Como resultado, el distrito financiero de Brickell creció hasta convertirse en el segundo centro bancario y financiero más grande de la costa este, después de Nueva York (Portes y Armony, 2018; Portes y Martínez, 2019a). La combinación del sector inmobiliario, el comercio aéreo y marítimo, así como el turismo llevó al PIB del área metropolitana a alcanzar 175 mil millones de dólares en 2014, lo que supone 25% del PIB de Florida. En la actualidad se ubica entre las 10 economías metropolitanas más grandes del país.
Los levantamientos populares que han dado lugar a regímenes revolucionarios de izquierda son los que de forma más consistente provocaron la salida de personas con un alto patrimonio neto y un elevado capital humano, que luego contribuyen de forma decisiva en los lugares de acogida. La presente diáspora de Venezuela incluye un número significativo de dichas personas que se dirigen principalmente al sur de Florida y España, y después a Perú y Chile. Todos los lugares de destino pueden esperar beneficiarse de modo significativo de la implosión de Venezuela (O’Neill, 2018). La salida masiva de empresarios y profesionales iraníes, tras la toma del poder en su país por fanáticos religiosos, tuvo efectos similares. Ese éxodo se dirigió a Estados Unidos, en concreto a California. Hoy día, los exiliados iraníes y sus hijos cuentan con niveles medios de estatus profesional e ingresos que superan ampliamente los niveles medios de la población estadounidense (Portes y Martínez, 2019b).
Por otro lado, es poco frecuente que los grupos de refugiados, una vez establecidos, regresen a visitar sus países de origen o realicen inversiones importantes en ellos. En todo caso, se trata de un «transnacionalismo bloqueado», en el que las actividades dirigidas hacia sus países de origen tienen como objetivo derrocar al régimen que los expulsó o poner a sus familias fuera de su alcance. Claramente esa fue la experiencia de sucesivas generaciones de exiliados cubanos en Estados Unidos (Pérez, 1992; Portes y Stepick, 1993; Eckstein, 2009), al igual que la posterior diáspora nicaragüense (Dibble, 1985; Robinson, 2003; Rodríguez, 2015).
Los regímenes izquierdistas consolidados en los países menos desarrollados a menudo se enfrentan a la escasez económica, debido en parte a la salida de los miembros más emprendedores y mejor formados de la sociedad e, igualmente, como consecuencia de sus errores políticos. Es bien sabido que esos regímenes intentan reconciliarse con sus expatriados y fomentar su regreso; los gobiernos de Siria, Cuba y Vietnam manifiestan esfuerzos en ese sentido. Cuando los refugiados originales se muestran recalcitrantes, dichos gobiernos recurren por lo regular a sus hijos, la segunda generación, y apelan a su nostalgia por los países que dejaron atrás. Derivado de esto, prósperos cubanoamericanos y vietnamitamericanos emprenden el viaje de regreso a las tierras natales de sus padres, visitan a sus familiares y, habitualmente, realizan importantes aportaciones filantrópicas y económicas (Eckstein, 2009; Huynh y Yiu, 2015).
Aunque el transnacionalismo de segunda generación es más débil que el practicado por los inmigrantes de primera generación, crea una puerta a través de la cual los descendientes de los principales grupos de refugiados logran mantener vínculos y proporcionar cierto apoyo a sus países de origen. El cuadro 3 sintetiza dichos patrones.
Cuadro 3
Patrones de adaptación de los grupos de refugiados en Estados Unidos y Europa Occidental
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País receptor |
País emisor |
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Primera generación |
a) Reconstitución de familias y comunidades nacionales. b) Uso del capital material, humano y social para avanzar económicamente y consolidar las empresas. |
Transnacionalismo bloqueado. |
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Segunda generación |
a) Acceso a instituciones de educación superior con el apoyo y el estímulo de los padres. b) Altos niveles de adquisición de capital humano y ocupaciones profesionales. |
a) Disminución del resentimiento hacia el régimen nacional. b) Viajes de regreso. c) Restablecimiento del transnacionalismo. |
Fuente: elaboración propia.
Lugares de acogida
Otro tema descuidado en la literatura correspondiente a migración y desarrollo es la ayuda que los migrantes pueden aportar a las comunidades y naciones de acogida. Según se comentó, los flujos de refugiados suscitan preocupación por la «carga» que suponen para los países de acogida, aunque en muchos casos realizan importantes contribuciones económicas y culturales. Lo mismo ocurre con las migraciones laborales regulares. La presencia de poblaciones extranjeras significativas se valora generalmente en los países de acogida desde el punto de vista de su adaptación o «asimilación» a tales sociedades (Alba y Nee, 2003; Zolberg, 2006). A esto le siguen interminables debates y advertencias acerca de los posibles efectos negativos que la presencia de estos inmigrantes tendrá en la sociedad y la cultura receptoras (Briggs, 1975; Lamm e Inhoff, 1985; Huntington, 2004).
Se descuidan los beneficios económicos fundamentales que la migración puede aportar al desarrollo de la nación de acogida. Justo esa es la razón por la que se producen esos movimientos y por la que, cuando los inmigrantes no llegan de forma espontánea, son reclutados de manera deliberada por empresas y otros empleadores de los sectores agrícola, minero e industrial (Lebergott, 1964; Thomas, 1971; Portes y Rumbaut, 2014, cap. 1). La gran revolución industrial estadounidense no habría sido posible sin los millones de inmigrantes reclutados en el sur de Italia, Polonia y otras partes de Europa del Este. Del mismo modo, el gran proyecto norteamericano de conectar todo el continente por ferrocarril en el siglo XIX no se habría concretado sin los miles de trabajadores importados del sur de China (Boswell, 1986; Zhou, 2006).
Los ejemplos podrían multiplicarse. La agricultura estadounidense dejaría de existir sin la presencia de trabajadores migrantes y, en el otro extremo de la economía, el auge de Silicon Valley y otros centros de innovación en alta tecnología no hubieran existido sin las aportaciones de miles de ingenieros y científicos indios, chinos y de otros países procedentes del extranjero (Massey, 1987; Massey et al., 2002; Saxenian, 2002, 2006; Agarwala, 2015; Griffith, 2020).
Las contribuciones de los inmigrantes no se limitan a su mano de obra y sus habilidades laborales, incluyen también elementos de su cultura que coadyuvan a la diversidad y enriquecen lo que, de otra forma, sería un mundo social gris. La incorporación de elementos de la cultura extranjera, desde la gastronomía hasta las fiestas nacionales, ha permitido que la sociedad estadounidense se convierta en el mosaico cultural diverso y enérgico que es hoy (Sowell, 1981; Rumbaut, 1994; Alba y Nee, 2003). La clave radica en que las principales aportaciones de la migración al «desarrollo» se han producido en los países receptores y no en los emisores, ya que éstos se han beneficiado de la energía, los conocimientos y la mano de obra de los inmigrantes para construir sus economías y sus culturas. Desde el punto de vista de los líderes políticos de los países de acogida, lo que ocurre con las regiones y los países emisores de migrantes es casi una cuestión secundaria.
No todo el mundo en los países receptores reconoce los beneficios de la migración para el desarrollo. Por el contrario, sectores importantes de la población originaria, especialmente entre las clases trabajadoras, tienen una visión pesimista de la presencia extranjera, al acusarla de quitarles puestos de trabajo y recursos a los ciudadanos. Por esa razón, las organizaciones de la clase trabajadora, en particular los sindicatos, se han opuesto en general a la continuación o la expansión de la inmigración (Rosenblum, 1973; Zolberg, 2006). Como resultado, la situación en muchos países avanzados se caracteriza por una lucha, de diversa intensidad, entre los nacionalistas que se oponen a la continuación de la migración, y las empresas y los empleadores que la consideran absolutamente fundamental para el crecimiento económico (Portes y Rumbaut, 2014, cap. 1; Portes, 2020).
Esta pugna continúa incluso en naciones amenazadas por la disminución de los niveles de fertilidad y el envejecimiento implacable de su población. Japón es el ejemplo más claro: la firme oposición del electorado a comprometer la preciada homogeneidad cultural de la nación ha llevado a una rápida pérdida de población y al envejecimiento. Un país de 120 millones de habitantes se enfrenta ahora a un descenso demográfico de casi medio millón de personas al año y a la población más envejecida del mundo avanzado (Koido, 2019; Portes, 2019). Los países de Europa del Este reacios a admitir inmigrantes, como Austria y Hungría, desafían un dilema similar. Las únicas naciones desarrolladas que hasta ahora han evitado un rápido declive demográfico, como Estados Unidos, Canadá y España, han sido aquellas dispuestas y capaces de recibir a millones de inmigrantes en los últimos años (Arango, 2019; Bloemraad, 2006; Massey, 2020).
En resumen, la relación entre la migración y el desarrollo es controvertida tanto en los países de origen como en los de destino por diferentes razones. Los nacionalistas condenan de manera categórica la migración; mientras que los países de origen lamentan la pérdida de población y capital humano, los de destino se centran en una mayor competencia en el mercado laboral y en el deterioro de la cohesión comunitaria y cultural. Los beneficios de la migración en ambos casos no se palpan a primera vista y son a largo plazo. En parte por ello, los detractores suelen llevar la ventaja, al apoyar a líderes nacionalistas y populistas que prometen detener o reducir drásticamente la inmigración.
El reciente auge de las comunidades originarias en varios países avanzados amenaza con dar ventaja política a los partidarios de las restricciones, pues pretenden eliminar o reducir drásticamente los flujos de trabajadores migrantes y de refugiados. Aunque a corto plazo este resultado sin duda satisfaría a los nacionalistas culturales, en el futuro tendría graves consecuencias económicas y demográficas negativas, por razones que ya se han expuesto.
Referencias
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Notas
1 Una excepción es el denominado «éxodo» de los judíos europeos a Palestina en la década de 1940, la cual acabó con la nación palestina y la sustituyó por el recién creado Estado de Israel, con el apoyo de Estados Unidos y otras potencias occidentales. Las consecuencias de estos acontecimientos representan una continua inestabilidad política y militar en la región, marcada por la negativa de los palestinos a aceptar su expulsión, además del rechazo de otros países árabes y persas de la región a aceptar la existencia de Israel (véase Tolan, 2006).
2 Se estima que, en 2018, los migrantes enviaron a sus países de origen alrededor de 625 mil millones de dólares estadounidenses, lo que supone un aumento de 7% con respecto al año anterior. Por lo que concierne a distintos países pobres, como Haití, Nepal y Liberia, las remesas de sus migrantes equivalen al menos a una cuarta parte de su PIB (Pew Research Center, 2018).
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